En el marco del 35° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que este año se realiza en forma online y gratuita, Camilo Restrepo presenta su documental «Los Conductos» en la Competencia Latinoamericana.

La coproducción francesa, colombiana y brasilera relata la oscura historia de Pinky (Luis Felipe Lozano), un joven de los suburbios que recuerda cómo pudo liberarse de una secta religiosa y recrea la vida en las marginalidades y, entre otras labores, el trabajo en un taller textil clandestino para obtener algunas monedas que permitan la subsistencia en las calles donde escasea el futuro.

Con narraciones del propio director, entre otros, quien revive a personajes como Desquite, Tuerquita, Bebé y Pernito, la ópera prima de Restrepo se reitera hasta el hartazgo en la noche colombiana, en la ausencia casi total de luz y se encierra en las tristes experiencias de Pinky. «Intento resaltar la materialidad de la luz, del color, de las formas, del soporte de filmación, del sonido, de la palabra, de la duración y de la presencia humana, sin subordinar su uso a las necesidades narrativas de la historia. En ‘Los conductos’ existe entonces una tendencia que podríamos llamar abstracta, evidente en los momentos en los que los colores y las formas se asocian libremente», detalla Restrepo sobre una decisión cuasi teatral.

El otrora malabarista callejero conoció al cineasta cuando se filmaba «Cómo crece la sombra cuando el sol declina» (cortometraje de 2014) y, al respecto de la idea que culminó con «Los Conductos», Camilo Restrepo afirma: «Comenzamos con un ejercicio de memoria en el que Pinky me transmitía su experiencia en la secta religiosa y me hablaba de su deseo de venganza. De ahí surgieron los textos de su voz en la película. Lo que imaginábamos se parecía a la situación que Pinky vivía realmente durante los años de la preparación de la película: drogadicción, trabajos en fábricas clandestinas, ocupación de locales abandonados para dormir».

De esta manera, se explica la intensa conexión que entre ambos se produce, y que obstaculiza el camino con recursos estéticos para acompañar un camino difícil de transitar. También complejo por un exceso de oscuridad en la mayoría de los planos.

“¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir? Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas”, plasmó Gonzalo Arango en un poema que pinta, entre miles, las vidas que Pinky vivió.