Con este provocativo título, Camila José Donoso ofrece en la sección Estados Alterados del 34° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata la sorprendente historia de Josefina Ramírez, la «nona» en cuestión.

Lejos de los estereotipos de una abuela que pasa sus días en el patio de casa y con la desconocida construcción de un personaje que supo ser parte de la subversión chilena de los 70′, esta simpática señora relata desde el mismo inicio del film cómo se arma una molotov, se jacta de haberle incendiado la camioneta a una expareja y recuerda con orgullo que una vez le arrojó una bomba al vehículo personal del dictador y genocida Augusto Pinochet.

Asimismo, estas y otras historias de «Nona. Si me mojan, yo los quemo» podrían no ser del todo ciertas. Josefina es la abuela de la directora, y en un constante juego de interpretaciones que van y vienen entre una Super 8 de uso familiar y los extraños sucesos que ocurren en Pichilemu, un pueblito costero que padece reiterados incendios y que buscan explicación, ambas invitan a ser parte de un vínculo que trasciende la pantalla.

De esta manera, la joven directora chilena recrea un universo que va más allá del documental o la ficción, y que con el contexto socio político que atraviesa su país (y Latinoamérica) se resignifica.

En sus años de juventud, Josefina supo ser madre y esposa al mismo tiempo que mantenía reuniones en secreto con sus compañeros, por lo tanto, por qué no creer que la «nona» es capaz de entremezclar sus pensamientos más oscuros e incendiarios al mismo tiempo que le da forma a un personaje que se enfrenta a la cámara e inevitablemente cautiva y provoca una ternura entrañable.