Dentro de la Competencia Argentina de Largometrajes, se presentó «La Botera», ópera prima de Sabrina Blanco. Un retrato con una particular sensibilidad sobre el umbral entre niña y mujer en un contexto desprovisto de herramientas.

En el contexto hostil de la Isla Maciel, entre la confusión, la rabia y las fantasías propias de la adolescencia, Tati va creciendo a los golpes mientras persigue un sueño poco habitual: ser botera en las aguas negras del Riachuelo.

«La Botera es una exploración sobre el deseo pre adolescente y sobre cómo aparece en un contexto de urgencias y contradicciones: el despertar sexual, los cambios en el cuerpo, la ausencia de una madre, la fragilidad de los vínculos. Intenta retratar el paso a convertirse en mujer, esa etapa bisagra tantas veces invisibilizada para las mujeres pobres», sostiene la directora.

Nicole Rivadero interpreta a Tati, como actriz natural explora las posibilidades de su talento junto a Sergio Prina (siempre desbordante de talento), quien interpreta a su padre. Ambos crean una dinámica de tire y afloje entre el cariño y las violencias que son producto del desconocimiento y la impotencia. Este «tire y afloje» es parte de un sistema que se repite y sobre el que Tati construye todas sus relaciones: procesando sus emociones como puede y afrontando a su entorno como le sale.

Además del entretejido subcutáneo emocional que habla un poco sobre el «cuidar y ser cuidado» desde varias dimensiones, la trama principal se enfoca en la iniciación femenina tanto sexual como de la identificación con alguna posibilidad de mujer, ¿cuál mujer soy? ¿Cuál mujer quiero ser? ¿Qué pasa si no puedo ser la mujer que quiero ser?

Estos disparadores universales que siempre son complejos, los desarrolla Sabrina Blanco dentro de un contexto donde todo es aún más complejo y que, además de carecer de recursos materiales y económicos, también desprovisto de herramientas culturales y educativas para acompañar el proceso de cambio, crecimiento y adolescer.