El paro continúa luego de dos meses de represión, renuncias en la cúpula del Estado y un pliego de peticiones que reúne las distintas inconformidades del pueblo. Los colombianos resisten más organizados y, a pesar de la represión violenta vivida en las principales ciudades, los estudiantes, la Minga y el pueblo sigue en pie de lucha.

Este paro no se debió meramente a la reforma tributaria y la irreverencia del exministro Carrasquilla fue tan solo la gota que derramó el vaso. En Colombia, los ciudadanos organizados pudieron tumbar una de las reformas que encendió la furia del pueblo. Hoy siguen vigentes una reforma a la salud y otra pensional, el 42,5% de los ciudadanos está en la pobreza y el 15,1% en pobreza extrema, el desempleo es innumerable, la educación superior es difícil de alcanzar, la primaria y secundaria es mediocre, los maestros no tienen garantías. El sueldo mínimo es de $908.526 y un congresista gana, aproximadamente, $34.417.000.

Este paro no es por unos huevos de $1.800, esto es porque el pueblo se cansó de las promesas de cambio. Muchos colombianos viven con el discurso de los medios hegemónicos, pero somos los colombianos los encargados de abrir los ojos cegados. Diversos medios mostraron su lado más oscuro, acusan y señalan al pueblo por los disturbios, a los indígenas los separan de los ciudadanos y no nombran cifras reales de los desaparecidos. Colombia se encuentra en un momento álgido pero decisivo.

Las redes sociales muestran lo que los noticieros esconden

Existen deudas con el pueblo de Colombia que la sociedad reclama en medio de una pandemia, en términos tales que nos llevaron a temerle a nuestros propios soldados más que a un virus mortal. El pueblo contra el pueblo. Medios de comunicación que mienten, periodistas que avalan sus mentiras. La población colombiana logró llevar a cabo la tarea de sobrevivir en un Estado que no le brinda condiciones de accesibilidad a trabajo, educación, salud o vivienda. Cuatro pilares de vida digna que no hemos experimentado a lo largo de nuestras vidas y que ahora, al calor de la violencia del Estado, convertimos en nuestras demandas.

No solo la reforma tributaria es la bomba que dinamita la ya caldeada sociedad, son también la deuda con los falsos positivos, el descalabro en el campo y el agro, la reforma de pensiones que nos condenan a años de trabajo indigno.

Hoy Colombia sigue en pie de lucha, a la primera línea como se le llama a los que resisten dando su vida, se le suman madres, maestros, indígenas y hasta la Iglesia Católica intervino para pedir que la represión no sea una consigna. Los protocolos que la policía y sus mandos aplicaron es el terror por las armas. Los ciudadanos a pie se enfrentan a las tanquetas que fueron compradas con nuestros impuestos. La fuerza especial antidisturbios (ESMAD) aterroriza al pueblo. La organización de derechos humanos Temblores ONG presentó este miércoles una actualización de su reporte sobre hechos de violencia policial cometidos en Colombia. Según el comunicado de la ONG, que documenta las denuncias de abuso policial desde el día uno del paro, se registraron 4.285 hechos de violencia cometidos presuntamente por miembros de la fuerza pública. Esta cifra no incluye casos de desapariciones.

No somos amenazas individuales, somos individualidades que sufren la violencia del Estado y, en virtud de los principios de la democracia, tenemos la capacidad, la posibilidad, la necesidad y la tarea de hacer visible la injusticia.

Colombia transita con dolor por un escenario que a los ojos del mundo es de caos y vandalismo. Para los que vivimos el abandono del Estado y las políticas nefastas del gobierno, estas son jornadas de una lucha que no acaba con derrocar una reforma.

Además, a este escenario se suma el coronavirus que, de acuerdo al último reporte, en Colombia hay confirmados 4.187.194 casos y Bogotá abarca la zona con más casos positivos con un total de 1.235.250.