En el mundo existen más de 6 mil millones de estos dispositivos. Las tres cuartas partes de la población mundial tienen acceso a un teléfono móvil, de acuerdo a un informe del Banco Mundial. Es posible que en los próximos años el número de suscripciones móviles superen al de habitantes. En los países de bajos y medianos ingresos se registró un aumento del 1.500% en los últimos 12 años. Sin lugar a dudas, las terminales telefónicas se han convertido en un punto de encuentro con otros seres humanos.
Si bien los números impresionan, lo más significativo es conocer quiénes son esas personas que utilizan la tecnología y dónde se utiliza la misma. Las llamadas de voz son el principal uso que se les da a los teléfonos, donde los mensajes de texto ocupan el segundo puesto en dicha lista. Sin embargo, para las operadoras el principal ingreso está dado por los mensajes, que representan un 80% del total de ingresos. Son las nuevas generaciones las que están empujando este desarrollo. Los menores de 15 años representan entre el 17 y el 29% del total del consumo.
Los jóvenes muestran gran interés y conviven diariamente con sus smartphones. Los ayuda a comunicarse con amigos, conocer a nuevos contactos, acceder a internet y a numerosas aplicaciones. Sin embargo, aún sin darse cuenta de ello, muchos jóvenes son adictos a su celular. Totalmente dependientes del dispositivo, no son capaces de comunicarse visualmente ni de entablar una conversación que no sea mediante su equipo móvil. Algunos datos recolectados por una consultora norteamericana son reveladores para entender el fenómeno.
Por ejemplo, el 94% de los dueños de un smartphone está constantemente preocupado de perder su dispositivo. Además, el 74% de ellos señaló que “entran en pánico” al perderlo de vista, y un 14% se declara “desesperado” si no lo encuentra rápido. Llegamos a un nivel mucho más grave cuando el dispositivo móvil nos interrumpe actividades en nuestra vida cotidiana. Es así que un 15% de los encuestados prefieren renunciar al sexo, antes que a sus iPhones. Y un 4% de esas personas había usado su celular mientras tenían sexo. El 65% dijo que no podía vivir sin su dispositivo de confianza. El cuarenta por ciento de los encuestados dijeron que prefieren vivir sin bañarse que sin su iPhone.
Indudablemente, si llegan a esos niveles de necesidad del aparato, estamos frente a una persona que posee un desorden de algún tipo. ¡No te preocupes! No son trastornos graves, según los especialistas, pero necesitan ser tratados para no generar una adicción cada vez mayor. A continuación vamos a describir algunas enfermedades que nos conviene evitar:
Nomofobia
El término nace del idioma inglés “no mobile phone phobia”, cuya traducción es “fobia a no poseer el celular”. A los que deben pasar un día sin su preciado celular el día se les hace insoportable. Una sensación similar a la de estar en el medio del desierto y sin una gota de agua. Puede generar inestabilidad, agresividad y problemas de concentración. También está acompañada de malestar general, hiper vigilancia, inquietud y temor a estar desconectado o aislado.
Síndrome de vibración fantasma
Sucede cuando una persona cree que su celular está vibrando o sonando y lo saca de su bolsillo para atender la llamada o responder el mensaje. Se toma ese trabajo para encontrarse con la sorpresa de que nunca recibió ni el mensaje ni la llamada. Las víctimas sienten las vibraciones, incluso cuando los dispositivos se encuentran en una habitación completamente diferente. Hasta esas personas con síndrome de vibración fantasma llegan a sentir sus teléfonos como extensiones de sí mismos.
Trastorno de adicción a internet
Este se refiere al uso compulsivo de internet, de tal manera que interfiere con la vida diaria. Hay psicólogos que incluso se atreven a decir que el trastorno es comparable con la adicción que generan los juegos de azar.
Adicción a las redes sociales
Uno de los trastornos más comunes de la actualidad, que se desprende directamente de la adicción a internet. Los medios de comunicación social son adictos a revisar su perfil en las redes sociales y a buscar las actualizaciones en las mismas. Un hábito que es más difícil de romper que la adicción al alcohol o al tabaco.
Adicción a los videojuegos
La adicción a los videojuegos se caracteriza por la interferencia de estos en otros aspectos de la vida. El uso excesivo de los «jueguitos» ha dado lugar a terribles consecuencias: muertes por trombosis, obesidad, problemas cardíacos, entre otros.
Ya conocés algunos problemas que se generan a partir del uso excesivo de los teléfonos móviles y de las posibilidades de acceso a internet, juegos y redes sociales que se ofrecen en todo momento. ¿Sentís que estás cerca de alguno de dichos trastornos? ¿Dónde está el límite entre ser un usuario activo y ser un adicto?
A medida que avanzan los años entramos en un mundo que se sumerge más y más en la tecnología. Por eso, debemos aprender a vivir con ella y procurar que nos mejore la vida, y evitemos los problemas que nos pueda crear.

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