«Dos años y medio no son nada», deben decir los libaneses luego de los meses que pasaron acéfalos de autoridad máxima nacional. Luego del último día de mandato de Michel Sleiman, nunca se imaginó que tardaría dos años y medio para que alguien lo reemplace. El contexto que él vivió no fue el mismo que pasaron en esta última veintena de meses. Pero la espera terminó y Líbano, el país milenario, nuevamente tiene una figura presidencial que ocupará el cargo. El elegido es Michel Aoun, del Movimiento Patriótico Libre.
El pasado lunes 31 de octubre, luego de 46 sesiones para elegir presidente en estos dos años y medio que pasaron, se decidió el nuevo jefe de Estado: Michel Aoun, de 81 años, será el nuevo líder de la nación de los cedros.
La jornada para la elección por momentos pareció un calco de lo ocurrido en la AFA en las últimas elecciones, cuando había más votos que las personas que participaban de dicho acontecimiento. En la primera ronda no consiguió el apoyo de las 2/3 partes que necesitaba de 127 votantes, donde hubo 128 votos en dos ocasiones. «Necesitan un presidente que garantice su seguridad», fueron algunos de los gritos que se escucharon para que haya seriedad en la elección y definieran, de una vez por todas, el futuro de la nación.

Lo que viene

Aoun es el 13° presidente desde la independencia del Líbano allá por 1943. Además, algo que ha estado urgente por solucionar es la falta de un líder que ocupara el cargo y, de ahí en adelante, poder resolver varios temas importantes en la agenda del Líbano.
Por un lado, el nuevo mandatario necesitará resolver o dictar una nueva ley electoral que reformule una antigua que lo único que hace es embarrar el panorama en el Parlamento y demorar una elección. También deberá resolver reformas económicas y buscar alguna solución en conjunto por la crisis de refugiados que ya alcanza más de 1 millón de personas, según números publicados por organismos internacionales.
El último presidente de la nación libanesa dejó su cargo el 25 de mayo de 2014 y desde aquel día la región no fue la misma. La crisis en Siria empeoró y también la situación interna del Líbano se vio afectada por algunos atentados que querían desestabilizar más el panorama ante la falta de una autoridad nacional. La crisis en Irak se reavivó y las disputas de las potencias en la región se incrementaron luego de la presencia de Rusia en Siria. Por eso era más que importante definir la situación de una autoridad que se hiciera cargo del sillón presidencial para poder llevar adelante estos temas, entre otros.
Por su parte, las potencias regionales e internacionales en este último tiempo ya no están tan interesadas en Líbano, según el profesor universitario Imad Salamey. También se confirmó que Arabia Saudita apoyó la elección de Aoun, según medio árabes.
Si bien se eligió al mandatario para hacerse cargo de la presidencia, ahora viene otro desafío que será el de formar su gobierno. Por eso los partidos tendrán que ponerse de acuerdo para formar uno estable que ayude a la nación a permanecer entera ante los problemas que lo afectan. Semanas atrás Saad Hariri, hijo del exprimer ministro asesinado, anunció su apoyo a Michel Aoun. El líder del partido tuvo el apoyo de su principal aliado, Hezbollah, fuerzas libanesas cristianas lideradas por Samir Geagea.
De esta manera, Hariri se refirió al tema y expresó que «con esta elección buscaba poner fin al vacio presidencial por el bien de la nación». Hariri podría llegar a ser el futuro primer ministro en el nuevo gabinete. Asimismo, muchos se han referido a Hariri como un traidor por haber negociado con Aoun para poder darle los votos en esta elección.
Según la agencia oficial NNA, llegaron saludos al nuevo presidente procedente de Jordania, España, Omán, Kuwait, Qatar, Alemania, Irán, Francia, Egipto, Siria, Turquía, Gran Bretaña y Bahréin. Además, a nivel internacional se han referido a esta elección como traicionera y que el nuevo gobierno relegará los intereses a las potencias que influencian desde afuera, pero también hay que reafirmar la democracia parlamentaria vigente que continúa en el Líbano y entender que el primer paso era elegir un nuevo mandatario. La tarea que sigue será la de conformar un gobierno «entero» que pueda manejar la situación regional que convive con Líbano y los problemas económicos que se sitúan en esta nación, además de la compleja situación de los refugiados y leyes ancestrales que no hacen más que perjudicar al mismo Líbano. Por eso esta nueva elección trae aires de esperanza para la nación libanesa.