Luego de realizar ocho cortometrajes, el director francés Frank Beauvais se dio a la tarea de contar su experiencia personal en su primer largometraje, que participa de la sección Estados Alterados del 34° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

De esta manera, «Ne croyez surtout pas que je hurle» se convierte en una suerte de diario íntimo en la que cuenta su experiencia tras una ruptura amorosa. Con la colaboración fundamental de Thomas Marchand en el montaje, Beauvais lleva adelante una crítica cargada de agobio hacia la sociedad moderna, la opresión del poder político y el opio que muchas veces representa el fútbol, un repaso por sucesos históricos (entre ellos los ataques terroristas en París y Niza) en la álgida Francia de los últimos tiempos y el desgaste de las relaciones entre las personas.

El diferencial de esta «tesis» sumergida en una profunda depresión es que el director, luego de esa traumática separación, se aisló en un pequeño pueblo alsaciano y se internó, literalmente, a ver 400 películas con casi media docena de proyecciones por día.

Esto lo impulsó a revelar sus reflexiones con pequeños pero numerosos fragmentos de estos filmes, elegidos minuciosamente para acompañar un relato que puede volverse tan denso como agotador. De todas formas, los aciertos en la selección de las imágenes que complementan los profundos pensamientos de Beauvais combaten en silencio contra la monotonía de la voz en off que mira de reojo y detrás de una ventana el caótico mundo en el que vivimos.