El 4 de febrero se sumó a la plataforma de CINEAR «Carroceros», dirigido por Denise Urfeig y Mariano Frigerio. Este es el documental sobre los fanáticos y fanáticas de «Esperando la carroza», la película dirigida por Alejandro Doria que fue estrenada en el año 1985 y que marcó nuestra cultura popular para la posteridad.

«Carroceros» propone mirar hacia el público y quitar el velo de un grupo de miles que se reúnen en foros dedicados específicamente a expresar fanatismo por «Esperando la carroza», a veces con ánimos de compartir y otras en una dinámica de competencia por quién sabe más. El objetivo macro de la película es conocer por dentro la famosa casa ubicada en el barrio de Versalles, lo cual es difícil porque la dueña no deja entrar a nadie. En el medio, una serie de personajes se despliegan mediante placas que los presentan, son personas que de alguna manera llevaron el fanatismo a un nivel más alto que el promedio y que cuentan, en pocas palabras, sus rutinas «carroceras», que incluyen ver la película en cuestión varias veces por semana o por día. Además, organizaron una especie de casting enorme por el cual pasaron muchas personas con el afán de demostrar que pueden contestar a todas las trivias o que pueden reproducir cada diálogo… aunque no siempre salga.

Algunos de los aspectos que empobrecen la narrativa de «Carroceros» están en elementos que deberían generar el efecto contrario. Por ejemplo, el hecho de que hayan logrado entrevistar a Antonio Gasalla, Betiana Blum, Luis Brandoni, Mónica Villa, Diana Frey y Enrique Pinti, entre otros, son logros enormes que se terminan por manifestar como apariciones deslucidas e inconducentes, así como también la búsqueda de los vecinos y vecinas de la zona, y las anécdotas de rodaje que no tienen nada que ver con el tema de observación. Y que pese a quedar como escenas forzadas, evidentemente pesaron más las ganas de usarlas a como de lugar.

Lo mencionado respecto de que la comunidad LGBTIQ+ tiene un vínculo particular con «Esperando la carroza», la forma de atravesar lo generacional, el sentido de pertenencia, el por qué provoca lo que provoca en estas personas que vemos son algunas de las puntas del iceberg que quedan abiertas y dispersas. Lo que merecería un compromiso de investigación y atención más fuerte queda en un ejercicio superficial que se conforma con provocar algo de simpatía.

El desenlace de la película es la demostración cúlmine del resultado de hacer una película para uno mismo y tener un flojo compromiso con el público del propio proyecto. «Carroceros» se regodea durante una hora de sus buenas intenciones para excusar su precaria factura técnica y sus pocas ideas de guion y estructura.