Hasta hace poco más de una década, los videojuegos en Argentina eran solamente un pasatiempo. Desde entonces, han pasado a ser también una fuente de empleo para muchos jóvenes, además de convertirse en material de exportación para decenas de pequeñas empresas. A comienzos de la década pasada, la crisis económica de Argentina (aparejada a la devaluación de su moneda) generó que algunos jóvenes emprendedores, en general con formación superior y adeptos ellos mismos a los videojuegos, se propusieran diseñar sus propios productos. Se creó en el año 2000 la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Argentina (ADVA).
En pocos años, la naciente industria dio un salto cuantitativo, y hoy el país es uno de los polos más importantes de América Latina en este sector, al cual le siguen Brasil y Chile. Hay entre 2.000 y 3.000 argentinos trabajando en el sector, distribuidos en las más de 65 empresas que se dedican a fabricar videojuegos. De acuerdo con datos de la ADVA, solamente el año pasado se facturaron U$S 96 millones.
Dentro del sector de los videojuegos, los empleados (entre los que se cuentan programadores, diseñadores, guionistas, artistas 2D y 3D, músicos, testers y productores) siguen siendo, en su mayoría, jóvenes de entre 25 y 30 años con formación superior y cada vez mejores ingresos, a medida que su trabajo se va profesionalizando. Sus salarios mensuales oscilan entre los 700 dólares que puede ganar un tester hasta los 1.300 de los productores.
Más allá de que este sector enfrenta aún varios desafíos, como la regulación en la legislación del software, la inflación y las dificultades para los empleados de recibir una capacitación formal, los jóvenes emprendedores argentinos han sabido aprovechar la oportunidad, así como su creatividad y su imaginación. Y eso no es todo: la creciente demanda de videojuegos en el mundo, frente a un público cada vez más exigente, lleva a que el 95% de la producción argentina se exporte a mercados como Estados Unidos, México, Europa y Asia.

La importancia creciente del sector en Latinoamérica

A comienzos de este año, tuvo lugar en la ciudad de San Francisco la Conferencia de Desarrolladores de Videojuegos (GDC, por sus siglas en inglés). Allí, además de asistir desarrolladores de los principales polos del mundo (Estados Unidos, Japón, Europa y Canadá) también se sintió la cada vez más importante presencia de Latinoamérica en el sector, gracias a pequeños estudios de países como México, Argentina, Brasil y Chile.
Muchas de estas firmas están asociadas a publishers europeas, editoriales encargadas de difundir y lanzar los videojuegos creados por las pequeñas empresas ya que, pese a la rápida difusión que permite Internet, la competencia hace muy difícil que las pequeñas empresas puedan subsistir sin asociarse a alguna editorial reconocida. Por ejemplo, compañías como la norteamericana Playdom (de Walt Disney Company), que compró la argentina Three Melons; la empresa japonesa DeNA, que adquirió el desarrollador chileno Atakama Labs; o el trabajo de la empresa peruana Artigames, que desarrolla juegos para instalar gratis en los Smart TV de la surcoreana LG, ilustran la importancia creciente que está cobrando el sector de videojuegos en América Latina.
Sin embargo, si bien en un comienzo la región prosperó debido a que su mano de obra era considerada económica para las firmas internacionales, hoy en día Latinoamérica apuesta a competir en calidad. La novedad de 2012 la dio el grupo argentino Clarín al lanzar la editorial Yuisi, orientada a la publicación global de videojuegos creados en Latinoamérica. El primer paso de esta nueva editorial es crear y difundir juegos en español para plataformas iOS (iPad/iTouch/iPhone) y Android, aunque más adelante podrían expandirse hacia los juegos en línea. Ya no solamente se persigue alcanzar los mercados tradicionales con productos hechos en América Latina, sino fortalecerse dentro del incipiente mercado local.
Una región que ha tenido dificultades para acceder a las nuevas tecnologías, países marcados por las recesiones económicas, creatividad e innovación, sumados a una consolidada trayectoria artística, hacen de América Latina un nicho para los creadores de videojuegos de altísima calidad, muchos de los cuales se traducen a otros idiomas y son vendidos en los principales mercados del mundo. Si bien la participación de Latinoamérica en el sector es aún marginal, las tendencias reflejan su crecimiento, no solamente en cantidad de productores sino también en la calidad de sus productos.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Joan Milton Cwaik.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.