Guillermina Pico estrena su primer largometraje, un hermoso documental titulado “Borrá todo lo que dije del amor porque no sabía bien quién era”.

La belleza de los instantes perdidos

“Las orejas de los caballos se recortan sobre un amanecer cerrado. Una chica patina en rollers sobre el parquet de un departamento vacío. En una fiesta la gente canta a viva voz una canción. Vistas fugaces por la ventanilla del tren. En verano, dos hermanas compran un cedrón, cavan un pozo y lo plantan. Una chica gira mirando al cielo, graba la tormenta que está por venir. La chica mete la cabeza entre las plantas. Luego en un campo de trigo. Una fogata de cardos secos arde en el campo, mi papá vigila el fuego desde lejos. ‘Borrá todo lo que dije del amor porque no sabía bien quién era’ es una película de proceso, de observaciones y notas sobre la belleza que tienen los instantes perdidos.”

El ojo documentalista

La composición en el documental tiene que ver con la aguda mirada a través de la cámara para componer con la realidad misma, en movimiento, capturar esencias sin posibilidad de retoma.

Guillermina Pico deslumbra con su talento para filmar, para generar texturas y un código en los desenfoques y los movimientos arbitrarios que ocasionalmente se perciben intencionalmente coreografiados pero que, en general,  en su engañosa desprolijidad se esconde parte de la sensorialidad.

Es una película de corta duración y con su punto fuerte en las bellas imágenes. Lo audible completa con sonidos del ambiente ultra satisfactorio y en un último plano quedan los diálogos que pasan desapercibidos en el hilo de las abstracciones que proponen las imágenes.

El título fuerza una búsqueda de sentido del espectador que no se completa en la película hasta el final, donde se refundan las premisas y cambian las conjeturas que se habían formado mientras mirábamos y buscábamos una respuesta.

En palabras de Guillermina Pico

“Lo íntimo, en la película, aparece como eje central, rescata el poder de la vulnerabilidad y el proceso, no como un gesto o una temática, sino como un lenguaje en sí mismo, como la forma adecuada para atrapar el tiempo que se escapa y la vida que sucede: una narrativa del espesor de la experiencia.”

“Esta película es una ilación de fragmentos de algo real, partes que no pertenecen a un todo que debe venir, pero que están ligadas por una conexión más sutil. El registro ha sido como un trabajo de recolección. La película resultante es un tejido, una cosa activa, agresiva, bella y viva. Mucho del material tiene esa cualidad frágil de los instantes perdidos”, concluye la realizadora.

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