Eduardo Costantini, empresario y presidente del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), pasea con un grupo de entendidos en el arte por los pasillos de la feria. Mercedes Casanegra, curadora, investigadora y escritora, mira de reojo una obra y le hace un comentario al oído a una amiga que está a su lado. Carlos Arnaiz, artista plástico argentino, se pierde entre sus majestuosas obras expuestas en Jorge Mara-La Ruche. Nicola Costantino, artista argentina, llega corriendo a la sala de prensa.

Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, coordina el debate sobre “Asir el presente es liberar el arte” en el auditorio Open Forum. Agustín Pérez Rubio, director artístico del MALBA, se encuentra sentado entre el público, escucha atentamente los distintos puntos de vista y le hace preguntas a los invitados.

Nora Fisch, prestigiosa galerista argentina, charla con Facundo García Minujín, miembro del directorio de la fundación, hasta que es interrumpida por una periodista para hacerle una nota. Luis Felipe Noé deambula con una copa de champagne en la mano por la Galería de Rubbers Internacional. Lo saluda con una gran sonrisa Juan Doffo, otro gran artista argentino, acompañado por su fiel compañera.

Marta Minujín descansa en la sala VIP unos minutos, luego debe continuar con una tarde agitada de entrevistas y acciones.

Los artistas y referentes del arte se mezclan con los visitantes y coleccionistas que miran este escenario con admiración y, aunque algunos solo se acercaron a la feria para comprar o conocer más sobre arte, tampoco quieren pasar desapercibidos: visten sofisticadas o extravagantes prendas con detalles dorados o plateados, botas con flecos o tacos finos, tapados de piel y peinados batidos.

Estas y muchas situaciones más se vivieron en los 25 años de ArteBA, evento que crece año tras año. Atrás de este escenario que muchos consideran superficial, hay mucho esfuerzo y trabajo por parte de artistas, organizadores y de la fundación. Según cuenta García Minujín, fue un trabajo de muchos años, al principio era una feria “muy fea”, improvisada, no había comité de selección, cada galería exponía lo que quería, los espacios estaban mal proporcionados y la iluminación no era buena. Tuvieron que aprender de la experiencia y otras ferias internacionales.

En la actualidad el nivel es muy bueno y, además de mostrar las obras de artistas destacados, presenta foros, charlas y otras actividades interesantes.

Algunas de las obras más originales de este año fueron un mural reconstruido realizado por Kenneth Kemble en 1960, durante la Exposición Internacional del Automóvil en la Sociedad Rural Argentina; una inmensa instalación con un aro y partículas que parecen de polietileno realizada por el artista argentino Matías Duville;  y “Ascensores” de Leandro Erlich, otra instalación de tres ascensores que no tienen espejo en el medio y permite conectarse con otras personas que se transforman en el propio reflejo.

También se destacaron los grabados y dibujos de Antonio Berni, las pinturas en dos y tres dimensiones de Luis Felipe Noé, los oníricos paisajes de Juan Doffo, la proyección de “La Menesunda” realizada en 1965 por Marta Minujín y Rubén Santantonín, las fotos de Nicola Costantino, los sugerentes cuadros de Alfredo Prior, las obras misteriosas de Raquel Ravinovich y las inteligentes y creativas cajas de Leandro Katz.

¿Con qué nos sorprenderá la feria el próximo año?

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