Ella es sensible, dulce, amorosa y carismática, se trata de Silvia Dauria, quien enseña cada día a encontrar al Creador en el arte. Tuve la oportunidad de charlar con la artista y hablamos de todo: su vida, su obra y los hechos que más la marcaron.

¿Cómo comenzaste en el área de la pintura?

SilviaMi padre dibuja muy bien y, cuando era muy niña, al verlo hacer bocetos de novias yo quedaba maravillada de sus dibujos y le pedía que en sus cuadernos me dibujara vestidos, esas novias pomposas con trajes y cintura de divito. Me encantan la forma y los movimientos que él les daba.

Cuando tu papá dibujaba, ¿te dejaba participar o tocar los colores?

No, porque mi papá solo dibujaba con lápiz o birome, yo solo lo miraba y admiraba.

¿Crees que pintar es una actitud de servicio?

Depende desde dónde lo enfoques. Si vos pintás para vos solo estás haciendo un servicio para vos, si lo hacés para los demás sí es una actitud de servicio. Hay gente que pinta sola, encerrada en un cuarto, y ahí no le estás prestando un servicio a nadie. Pero si lo hacés con amor y otros lo valoran, creo que sí, y más aún cuando abarcás la enseñanza, porque más que enseñar a pintar estás enseñando a compartir, a entregarte, a disfrutar. Mucha gente, cuando comienza a pintar, se da cuenta de los detalles que hay en los parques o en las plazas, porque comienza a observar los colores del ambiente.

¿O sea que vos estás abocada más a la enseñanza?

En estos momentos, sí.

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En base a tu experiencia, ¿es mejor pintar solo o en grupo?

En grupo lo que se logra es el compañerismo, la integración, el alumno ve lo que hace el otro y se incentivan mutuamente porque es muy importante el incentivo del grupo. Yo tengo mucha gente recomendada por terapeutas y no pretendo sacar de cada uno un artista, sino que el rato que esté sea el mejor y que pueda sintonizar con alegría y volcar todo lo que tiene adentro, que quizá en otra actividad no lo puede hacer. Eso para mí es suficiente y me colma el alma.

¿Cómo te gusta más dar la clase, en forma individual o grupal?

Siempre grupal, porque aprendés mucho más. Particularmente, aprendo más que ellos y me encanta, porque tengo gente mayor y cada uno tiene una historia de vida y me fascina hablar con la gente grande. Ves cómo van llegando al final de su vida y de qué manera.

¿Lo ves en la pintura?

Totalmente.

¿Viste reflejado en la pintura el estado de ánimo?

Hace muchos años tenía a un nene que lo traían los abuelos y el primer dibujo que le hice hacer fue tema libre y dibujó un cementerio. En la segunda clase le propuse que dibujara un payaso para sacarlo de toda esa tendencia dark, porque yo quería que dibujara un payaso con colores. Pero lo pintó de negro. Entonces me di cuenta que algo pasaba y averigüé, a través de la abuela, que los papas habían fallecido y el único paseo que él tenia era ir al cementerio con los abuelos los domingos. Para él todo era negro, no había otro color, y para mí fue un desafío porque yo necesitaba sacarlo al nene del estado, pero necesitaba más que la pintura, necesitaba un terapeuta.

¿Y lograste que incorporara colores al dibujo?

cuadroCuando vi al payaso negro lo primero que le dije es que le íbamos a poner moños de colores y fui a buscar cintas de colores y le enseñé a armar moños y pegarlos tipos collage en el dibujo. Ese nene me dejó muy marcada, porque hubiese querido ayudarlo más.

¿Cómo te das cuenta que una persona tiene condiciones?

Todos tenemos condiciones, hay que encontrar la veta. Algunos son más duros que otros porque se sueltan menos, pero con el correr del tiempo siempre hay evolución y les digo que vean el primer trabajo y miren el último, el que están haciendo ahora, y ahí se ve la evolución del trazo, porque a veces es soltar la mano, dejarse llevar y que aprendan a soltar sus emociones y las plasmen y se dejen llevar.

¿Qué querés transmitir con lo que hacés?

En mis clases trato de infundir no solo el amor a la pintura sino el respeto, el amor al compañero, el ser humano a la creación, sacar lo mejor de cada uno, poner un poco de color a la vida, porque hay vidas que son muy monótonas, muy sufridas y quiero que el rato que estén pintando sea el mejor, con alegría, con risas. Se puede debatir algún tema de la semana, pero siempre dejando un mensaje lindo y positivo, y quien venga a mis clases tenga la sensación de sentir placer.

¿Si no fueras artista, qué te hubiera gustado ser?

No me imagino ser otra cosa, siempre tuve esta vocación y siempre quise pintar, desde chiquita. También quería ser mamá y tener muchos hijos, solo tuve dos…

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Bueno, estás en el proceso de la creación constante también. Y si hablamos de esto, ¿cada cuadro que hacés lo ves como un hijo?

Sí, totalmente, se ve así.

¿Y tenés un apego especial hacia tus cuadros?

Tengo apego a uno solo que lo tengo muy conmigo y está en mi casa, me lo quisieron comprar varias veces y no lo vendo porque tiene una energía especial para mí, pero no es bueno ser apegado, hay que tratar de soltar.

¿Está llena de cuadros tu casa?

No tanto, porque hay muchos en las artísticas en exposición y muchos que he regalado.

Cuando tenés ganas de pintar, ¿en qué pensas antes de hacer un cuadro?

En los colores que voy a usar. Para mí los colores son fundamentales y lo más lindo es la mezcla de colores, que es lo que trato de inculcarles a mis alumnas, pero la mayoría lo compran hecho. Porque la mezcla de colores te hace descubrir, esa es la palabra… descubrir. El pigmento es distinto, cuando vos tenés un rojo hay millones de rojos: de cadmio, carmín, mediano, etc. Cada pigmento, al mezclarlo con otro color, te surge otro totalmente distinto y esos experimentos son los que me atraen de la pintura, me gusta usar los colores primarios para trabajar, porque de esos saco, mezclo y creo.

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Para aquellos que quieren empezar, ¿vos qué les dirías?

Que prueben, que nada es definitivo, que si no les gusta no hay nada que perder, que se larguen porque es un universo.

¿Cuál es la típica frase que te dicen cuando vienen por primera vez?

Que quieren hacer algo pero no saben qué, o también que ellos no sirven porque nunca pintaron, que son un desastre y que vienen porque los manda el doctor. Pero lo lindo de todo esto es que las personas se van contentas, siempre con algo hecho y, si dejan de venir un tiempo, siempre vuelven. Además, la pintura ya no es tan ortodoxa como antes, es mucho más libre y no hay que seguir determinados preceptos para pintar. Cuando comencé a pintar primero tenía que saber la técnica de la témpera, después acuarela, luego óleo y así hacer un año de determinada técnica. Ahora hay más fusión de técnicas y es más libre.

¿Por qué crees que la pintura es terapéutica?

Porque en el rato que estás pintando te olvidás de todo, te olvidás de los problemas. Se pasa la hora volando y ese rato te sirvió para escaparte del problema y, aunque después cuando salís de ahí siempre está contigo, tenés algo donde poner la atención y el pensamiento y durante ese tiempo tomás elementos para que te llenen el alma. Les insisto mucho a mis alumnas de que quieran y amen lo que hacen, que no busquen tanto el detalle de las cosas. Si uno no está enamorado de lo que hace no va a encontrar ese placer de pintar, que no se apuren porque lo que no se consigue hoy se logra mañana. No hay que tomar la pintura con la urgencia del día a día, es un momento de relax y tranquilidad porque eso es a lo que yo apunto.

¿Ves muchas personas con ansiedad?

paletadecoloresSí, mucho, y lo quieren terminar ya. Una vez se abrió un curso en una artística para tres mujeres. Con dos de ellas me llevaba bárbaro y teníamos una relación preciosa, y la tercera era una mujer muy osca, pintaba muy bien, prácticamente ni hablaba conmigo, traía sus modelos, los pintaba y los traía terminados y me decía: “Ahora decime lo que está mal”. Yo no le encontraba nada malo, porque tenía un nivel de excelencia, ni siquiera podía descubrir para qué venía, hasta que un día le dije: “Yo no te puedo enseñar nada, porque vos lo hacés perfecto, ¿qué te puedo enseñar?” Ahí fue que me agarró de un brazo y me dijo: “Yo quiero pintar como vos”. Le respondí que no iba a pintar como yo ni yo como ella. Somos únicos, somos especiales, cada uno tiene su estilo, no tenía que desear pintar como yo, porque así se pierde la fuerza y la identidad. En conclusión, si ella hubiera amado lo que hacía no necesitaba decirme lo que dijo porque tenemos que encontrar la valoración en lo que hace cada uno. Después de esa charla, que fue muy movilizante para mí, terminamos siendo amigas y aún es alumna y está más accesible.

Y como última pregunta, ¿se puede ver en un artista al Creador?

Totalmente, y todo lo que uno logra con las manos es producto del Creador, es una inspiración y la mayoría de las veces vos no sabés lo que va a salir. Uno solo es un instrumento.

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