«¿Es así como se supone que debe sentirse el futuro?». Con esta pregunta desesperante y demoledora, suenan los primeros acordes de «Sorted For E’s & Wizz», dando inicio a la tercera visita de Pulp a la Argentina. El Movistar Arena explota de un público que ya sabe que esta banda cuando sale al escenario, lo entrega todo. Aun así, nos vamos a sorprender.
Se trata del último show en el tramo sudamericano de la gira «You deserve more» («Mereces más… Pulp»), que ya los llevó por Ciudad de México y Santiago de Chile en las últimas semanas y que inició mundialmente un año atrás en Glasgow. La excusa y el juego de palabras para este reencuentro con el público es la presentación de «More», el primer disco de estudio después de 24 años, que salió en 2025 sorprendiendo a propios y ajenos con el nivel de regreso de una banda que, claramente, sigue teniendo cosas para decir y no se juntó solamente para acumular algo de dinero con la nostalgia millenial.
Aun así, con el nuevo álbum en primer plano, el show conserva mucho del espíritu de «This is what we do for an encore», gira que los tuvo en Buenos Aires en noviembre de 2023, en un Movistar Arena mucho más cargado de público, probablemente, debido al elevado valor de las entradas de este año, por más que el discurso oficial niegue la crisis. Y es que, prácticamente, cualquiera de las 25 canciones que sonaron esta noche podrían ser un encore, un bis, una de esas canciones que todo el público se sabe de memoria (incluso para cantar los solos de guitarra, como el público argentino sabe bien) y que podrían cerrar el show.
El primer enganche de temas parece, incluso, una amenaza: casi que no termina de sonar el último verso de «Sorted for E’s and Wizz» («¿qué pasa si nunca bajás?») cuando empieza, demoledora, «Disco 2000». Parece que solo se puede seguir subiendo.
Pero si hay algo que tienen los shows de Pulp -además de una precisión milimétrica y un sonido impoluto-, es un enorme timing para llevar al público por diferentes estadios, siempre de la mano de las intervenciones de Jarvis, algunas en un español bastante roto pero bienintencionado. Porque si hay algo que complementa esa precisión sonora de la banda a la perfección, es la frescura que le aporta la voz de Jarvis Cocker, con ese modo de cantar que te hace sentir que está contando una historia por primera vez, aunque la venga contando desde los 90.
Suenan los últimos acordes de «A Sunset» y se termina la primera parte de un concierto que ya demostró que las canciones de «More» se entrelazan de forma natural con temas que ya llevan treinta años sonando entre su público. Llega así un intervalo de 15 minutos, pero la banda no deja que el show se enfríe: durante este propone una votación de tipo «aplausómetro» para elegir entre dos canciones cuál se sumará a esta iteración del show, algo que vienen haciendo en toda la gira, rotando entre distintas canciones cada noche. A Buenos Aires le tocó elegir entre «Lipgloss» y «Tina» en una elección que terminó resultando el único fraude electoral en el que -a diferencia de cualquier otro- ganamos todos: primero sonó «Lipgloss», la indudable ganadora, y hacia el final del show tuvo su lugar «Tina» (con cantito especial incluido: «Argen… Tina!»).
«¿Dónde estaría ahora si nunca nos hubiéramos conocido?»
Si las primeras líneas del show estaban cargadas de futuro -temática que se repite incontables veces en las letras de Pulp, más que nada en las de los últimos tiempos- la segunda parte comienza con una mirada puesta en el camino recorrido: salen al escenario solamente Jarvis, Candida, Nick y Mark, los mismos que -según cuenta el propio Jarvis mientras los presenta- se juntaron en un living en el 2023 para ver si era una buena idea esto de salir de gira.
Como respondiendo un rotundo «sí» a esa pregunta, suena una versión despojada de «Something Changed» que parece contener en su poesía toda la historia de la banda: «Cuando nos despertamos esa mañana no teníamos forma de saber que en unas horas cambiaríamos la trayectoria en la que íbamos», una idea de «destino» que se choca y conversa con el «plan maestro Pulp» que un adolescente Jarvis plasmó en un cuaderno de ejercicios escolares que ahora forma parte de «Pop bueno, pop malo», una suerte de biografía con forma de inventario en la que el líder de la banda repasa su historia de vida y proceso creativo. Ese espíritu creador y revolucionario de Pulp es el que los mantiene tan vigentes y representativos en tiempos de crisis social y política como los que estamos atravesando en este momento.
Por si hacía falta algo más para confirmar que esta autoexploración y mirada al pasado que supuso la escritura de «Pop bueno, Pop malo» estuvo presente en el armado de este espectáculo, muchas de esas imágenes de las primeras exploraciones e ideas de ese adolescente Jarvis -y su plan para conquistar el mundo con el pop- forman parte de las visuales del show.
«Para encender el fusible, para que el cohete entre en el cielo necesitas al público presente. Ahí es cuando pasa algo, nadie lo controla completamente», decía el líder de la banda hace pocos días en una entrevista previa a esta presentación. Esa idea de construcción colectiva, de creación con el público, se siente en cada intervención, pero también en cada nuevo arreglo de las canciones, en cada invitación para que el público sea parte activa del espectáculo.
Por eso lo mejor de este show de Pulp -sin dudas el mejor de los tres que dieron en el país- no es ni la precisión, ni el setlist ni los movimientos hipnóticos de Jarvis o su consagración como figura «sandresca» recibiendo bombachas en el escenario. Lo mejor de este show de Pulp es lo mejor de Pulp en sí: que quieren «vivir con la gente común como nosotros» y que están siempre hinchando por nosotros: los «mis-shapes, mistakes, misfits» que los vamos a ver y para quienes, espero, esté destinado el futuro, como reza la canción: «Brothers, sisters, can’t you see? The future’s owned by you and me».