Conversamos con Jess Browne sobre el camino recorrido luego del suicidio de su hijo en abril de 2020, quien afirma que «el ser humano ha estado expuesto a tragedias siempre, el tema es qué hace uno con ella”.

Además, Jess agrega que «a mí me tocó esta, y hablando de empesares (nombre de su blog), era empezar con pesares, con dolores, mi vida nunca será igual a lo que era el 10 de abril de 2020, pero quería empezar compartiendo y pensar que así iba a empezar a sanar yo. Su muerte está creando conciencia para ayudar a pasar el duelo o a chicos que están pasando la situación de Ignacio, donde no creen que no hay otra salida que terminar con su vida”.

En cuanto al interrogante sobre qué le sucedió a su hijo, para tomar la trágica decisión, relata que «es una pregunta que me la hago hasta el día de hoy, este es un proceso que no es lineal, los primeros meses los tengo borrados, el shock era tanto, inimaginable lo que había pasado, yo tenía una relación con Ignacio que hablábamos muchísimo y más los últimos meses que Igancio estaba en Buenos Aires cuidando a mi papá, que tenía problemas cardíacos. Nadie que conoció a Ignacio se imaginó esto y hoy lo que creo que me está sirviendo es que Ignacio por ahí tenía que vivir 28 años, hay respuestas que no voy a tener nunca más, las que él me dejó escritas, que no era culpa de nadie, que él había decidido esto y aceptar su decisión va a ser el acto de amor más grande que yo tenga que hacer en mi vida”.

Respecto a cómo era Ignacio, su madre lo describe como «un bombón, divino, un chico sensible y discutidor, que tenía una visión del mundo muy contradictoria: por un lado, tenía trabajos corporativos, y por otro sentía que debía cambiar el mundo, se ve que le dolían muchas cosas y tampoco sabía cómo cambiarlas».

Jess comenta que en una de las cartas que dejó Ignacio decía que “la sociedad machista en la que vivimos no me deja pedir ayuda”. La creadora del blog empesares, sorprendida, explica: “En mi casa hablar de terapia era casi como ir a tomar un helado, mi hermana es psicóloga, de hecho, fue la última en estar con él en Buenos Aires y no advirtió nada, yo no lo podía salvar ni Ignacio quiso”. Por otro lado, asegura que ve en la generación de Ignacio una visión más poética de la vida, pero “hacer lo que quiero a veces resulta peligroso”.

En relación a cómo manifiestan los hombres las emociones y como el impacto de su obstaculización puede provocar secuelas psicológicas, Jess relata: «Me quiero ocupar mucho de los varones, porque ellos tienen un tema acá, yo creo que las mujeres eso que nos critican bastante de qué hablamos mucho es lo que nos salva, el callar, el no poder hablar de las emociones es el primer síntoma de la depresión, lo que pasa con los varones es que hay un mandato universal, se juntan hablan de deportes, de chicas; pero es difícil que un varón se siente a hablar de lo que le pasa, hay una cosa medio en chiste de que los varones son fuertes, los varones tienen que estar bien”. “Incluso, en el grupo de padres que estoy, son muchas más mamás, no significa que los papás no sufran o no extrañen a su hijo, pero les cuesta sentarse en un Zoom y decir ‘estoy triste’, ‘estoy mal’, pero no hace falta estar mal, solo permitirse emocionarse”.

Asimismo, enfatiza que “hay que bancarse estar mojado un rato”, en relación a la tristeza y la angustia. Refiriéndose a la muerte de su padre, Browne comenta: «Ignacio murió el 10 de abril y papá el 23 de junio, en once meses los tres», ya que el año anterior falleció su madre. Agrega también que ”cuando muere mamá, mi papá medio como que se había entregado, Nacho se había mudado con él y eso era una alegría, pero tenía un corazón físicamente deteriorado, no creo que fue la muerte de Ignacio lo que desencadenó su final, de hecho, nos llamó la atención a todos, a mis hermanos que están en Suiza, vivimos dos entierros por Zoom, nadie pensaba que mi papá se iba a morir en esa cirugía, creo que en lo consciente cuando se enteró lo de Ignacio, él quería vivir para ayudarme a mí, él se murió pensando que yo no iba a sobrevivir, cuando lo sedaron en el inconsciente no pudo”.

“Soy madre y soy escritora para siempre”, en relación a esta frase: “soy madre para siempre, aún cuando ese hijo muere y lo de escritora, es porque siempre me gustó escribir y pensé que no lo iba a poder hacer más, no puedo estar sin escribir, yo lo que necesito es conexión con los otros, me resulta ser más generosa con las palabras que con mi tiempo a veces”.

Al compartir cómo se acompaña a alguien que tuvo una pérdida, Brown afirma que hay frases que se dicen con buena intención que cuando uno está tan herido son difíciles de asimilar como, por ejemplo, que Ignacio no querría que llores, él está en un mejor lugar, para acompañar no hay que hacer mucho, porque no hay nada que decir, solo es sentarse al lado y esperar y siempre les pido que sigan el hilo de mi conversación, cuando yo no hablo de Ignacio no me pregunten y cuando hablo no me cambien de tema, porque necesito hablar”.

Por otra parte, “Nacho me enseñó a ser más compasiva, más agradecida, le agradezco a Ignacio que no me haya dejado en un lugar de resentirse, de que yo tenía derecho a cualquier cosa porque se me había muerto un hijo”, reflexiona Jess. Con respecto a cómo contactarla, es a través de la cuenta de difusión de Instagram: @empesares y a través de blog en Facebook: Empesares.

“Alguien dijo que una persona muere dos veces, la primera cuando su corazón deja de latir y la segunda cuando alguien dice su nombre por última vez”, expresa en su blog.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Fernando Otondo.