Un informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en este mes de diciembre revela las tres amenazas más importantes para los suelos latinoamericanos.

El documento, que se enmarca dentro de las acciones del Año Internacional de los Suelos, enumera como las principales problemáticas en la región a la erosión, la pérdida de carbono orgánico y la salinización.

Por estos motivos, desde la FAO aseguran que “es urgente diseñar e implementar una gestión sostenible del suelo en la región para protegerlo y garantizar la seguridad alimentaria que provee”, en una región caracterizada por ser una de las más ricas del planeta en términos de recursos naturales. “Con solo el 8% de la población global, posee el 23% de las tierras potencialmente cultivables, el 12% de las tierras cultivadas y el 46% de los bosques tropicales”.

Qué es la erosión

Consultada sobre las amenazas a los suelos latinoamericanos que FAO destacó, Evangelina Minuzzi Fahn, bióloga y tutora académica en el Instituto Secundario Agua de Oro (ISAO) y profesora en el Instituto Espíritu Santo, ambos de Córdoba, explica que “la erosión es el desgaste de la superficie terrestre por la acción de agentes como el viento el agua o la gravedad. Los efectos se observan en el modelado del paisaje, es decir, en las diferentes formas y características que este adopta a partir del accionar del agente erosivo. Este modelado varía según las características bióticas y abióticas del ambiente considerado, tales como cobertura de vegetación, actividades humanas, clima y relieve, entre muchas otras, las cuales favorecen determinados tipos de erosión de acuerdo a la combinación particular de las mismas en cada lugar”, detalla la joven especialista.

Acerca del carbono orgánico

Además, aborda la segunda de las problemáticas que la región deberá afrontar en los próximos tiempos. “El carbono es un elemento químico que se enlaza a otros carbonos y a múltiples elementos para formar moléculas. Cuando esta combinación se genera en moléculas orgánicas se lo llama carbono orgánico. Hablar de cantidad de carbono orgánico implica determinar la cantidad de carbonos exhibidos en tales compuestos. En el suelo se relaciona de manera estrecha con la proporción de materia orgánica presente (proveniente de residuos poco degradados de seres vivos animales, vegetales y microorganismos fundamentalmente)”, manifiesta Evangelina. “Normalmente, la medida de este parámetro es resultado de combinar cuánto se incorpora de materia orgánica al suelo y luego se libera como dióxido de carbono, cuánto se erosiona y cuánto se lixivia. En otras palabras, este es un parámetro de calidad de suelo”.

Sobre la salinización

Finalmente, la biológa y docente cuenta lo necesario sobre la salinización para que tengamos mayores nociones de los tres principales asuntos que afectan a los suelos en Latinoamérica. “La salinización es un proceso por el cual suelo y agua incrementan su concentración de sales. La sal se disuelve en el agua, y cuando esta última se evapora produce el depósito de las sales en el suelo. Dado que esto modifica las características usuales de estos recursos, induce un deterioro y posterior pérdida de los mismos”, introduce, y continúa: “Es un proceso que ocurre naturalmente pero que ciertas prácticas humanas como el riego de cultivos exacerban. La importancia de analizar estos procesos radica en su estrecha relación, como también en considerar los servicios ecológicos que el ambiente proporciona. En este sentido, las actividades humanas se asientan sobre un ambiente que suministra bienes (elementos tangibles como el suelo, madera, etc.) y servicios (elementos intangibles como el paisaje, absorción de agua, retención del suelo, etc.) que las hacen posibles, a manera de armazón o esqueleto. Muchas veces estas cuestiones se pierden de vista, generándose conflictos como los que se observan actualmente”, finaliza Evangelina Minuzzi Fahn.

Respecto del por qué se solicitan acciones en caracter de emergencia para las tierras latinoamericanas, desde el sitio oficial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) afirman que “la rápida explotación de los recursos naturales está provocando cambios dramáticos en el uso de la tierra y la degradación de los suelos de la región, imprescindibles para combatir el hambre y la pobreza”.

Asimismo, el análisis muestra que algunos países llevaron adelante políticas públicas para revertir la situación, como los casos de Cuba y su Estrategia Ambiental Nacional para combatir la desertificación o Uruguay y el modelo de sustentabilidad agrícola. El futuro de la región depende, más que nunca, de las decisiones gubernamentales para contrarrestar los efectos de muchos años con la vista puesta en otro lado. Los suelos en Latinoamérica esperan una inmediata acción de los Estados y nuestra labor como ciudadanos responsables.

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