«¡Ayuda!»: un oasis personal en salas

Sam Raimi estrenó en 2026 su decimoséptima película “¡Ayuda!”, escrita por Damian Shannon y Mark Swift. Narra la historia de Linda Liddle (Rachel McAdams), una ejecutiva de una empresa muy competente en su trabajo, aunque no socialmente, que tiene como nuevo jefe a Bradley Preston (Dylan O’Brien), hijo del expresidente de la compañía y al que todo el mundo le cae bien, básicamente porque nadie en la cadena jerárquica le dice que no por temor. Luego de un accidente en un vuelo para un viaje de trabajo, ambos terminan solos en una isla.

De esta manera, comienza una película que mezcla géneros como el bodie horror y la comedia, con elementos de “Náufrago”, “Misery: entre la pasión y el peligro” y “El triángulo de la tristeza”.

“Ayuda” es una especie de regreso al cine más propio de Sam Raimi. Luego de hacer “Oz: el poderoso” (2013) para Disney y “Doctor Strange en el multiverso de la locura” (2022) para Marvel Studios. No es que sea una película independiente (no lo es) ni tampoco escrita por él (tampoco lo es), sino que recupera esos rasgos ligados al cine que lo caracterizó: gore, humor negro, mezcla de géneros, cámara hiperactiva, puesta en escena física, escenas de salpicaduras de sangre y de vómitos, y manipulación de la información que le brinda al espectador que no sabe cuándo reírse y cuándo tener miedo. Raimi construye una película de dos personajes en un espacio aislado donde las tensiones psicológicas y físicas reconstruyen (y deconstruyen) la dinámica entre ambos.

Linda no es un personaje que Raimi no haya filmado antes. Como Christine Brown (Alison Lohman) en “Arrástrame al infierno” (2009), es una mujer atravesada por la lógica laboral y la expectativa de ascenso en una estructura empresarial hostil. Esta vez, no es una maldición gitana la que castiga a la protagonista, sino el sistema laboral. Su nuevo jefe Bradley es el monstruo humano al que sus trabajadores le tienen miedo. Lo interesante de este personaje es la actuación de Dylan O’Brien, que no lo hace de una forma caricaturesca. Su villano no es violento ni grita, sino que es indiferente, fingiendo que escucha a otros como una forma de manipulación. Es un personaje pasivo-agresivo que incomoda a todos, incluyendo al espectador. Por su parte, Rachel McAdams sostiene el personaje desde el carisma propio del mismo, su vulnerabilidad y su inteligencia. Su obsesión por el reality show “Survivor” la ayuda a sobrevivir en la isla, utilizando estrategias para cumplir lo que era su sueño. Está contenta, como si toda la vida hubiera esperado este momento. El contraste entre ambos funciona porque ahora la relación es inversa: ella sabe cómo actuar en esa isla, mientras que él no puede, además de estar imposibilitado físicamente.

El regreso de Raimi

Hay varios elementos que destacan a “¡Ayuda!” como estreno en 2026. El primero es que es una historia original: no es una adaptación de cómic, libro, serie o artículo periodístico. Tampoco es una secuela, precuela, secuelegacy, spin-off o reboot de una franquicia. Es una película original escrita para la pantalla grande, más cercana a las que en la actualidad se estrenan por streaming y no pasan por las salas. Esto se debió por la insistencia del director a la productora 20th Century Studios. “Desarrollo mis películas para que el público interactúe con ellas en la sala” explicó el director en una entrevista. Raimi presenta una historia original de presupuesto medio/alto combinando su visión con entretenimiento.

Si bien Raimi no escribió “Ayuda”, puede considerarse que es la película más “raimiana” desde “Arrástrame al infierno” en 2009. Si bien “Oz: el poderoso” y Doctor Strange en el multiverso de la locura” tienen elementos de su cine, no dejan de ser películas por encargo que responden a un tipo de lógica diferente que el de sus primeras películas. El universo cinematográfico de Marvel funcionó como un puente para que Raimi pueda volver a hacer una película original. Allí donde los directores no son más importantes que el productor, salió airoso y, de alguna manera, volvió a su cine habitual, tal como le ocurrió en la década de 2000 luego de hacer la trilogía de Spiderman para Sony y volviera a “Arrástrame al infierno”, aunque en ese momento fue más como un refugio luego de las críticas recibidas por “El hombre araña 3” (2007).

Raimi pudo haber estado años sin hacer una película propia (por lo menos con control como productor), pero volvió y, en plena era de refritos, demostró por qué es el mismo director que triunfó con una pequeña comedia de terror en 1981 y qué comenzó una nueva era del cine de superhéroes en los comienzos del siglo XXI. Es posible que con “¡Ayuda!” no marque el comienzo de una nueva era, pero sí se sabe que su trabajo está presente.