A lo largo de su historia, los grandes estudios de los Estados Unidos han intentado dar con la fórmula del éxito masivo en el cine para evitar que los espectadores dejen de ir a las salas. La búsqueda siempre se centró en darle al público alguna novedad técnica (sonido, color, efectos visuales) o la repetición de fórmulas ya probadas (superproducciones colmadas de estrellas, géneros populares).
En los últimos 20 años, Hollywood se volcó a inyectar presupuestos descomunales en franquicias interconectadas, precuelas o secuelas tardías y la explotación de propiedades intelectuales hasta el hartazgo. Sin embargo, tras la pandemia, los números de taquilla parecerían mostrar que, salvo marcadas excepciones, este modelo está en decadencia.
Pero, lejos de este modelo, algunas películas parecen estar captando la atención del público. Producciones de bajo o mediano presupuesto que, contra todo pronóstico, son las que llevan millones de personas a las salas. Entre estas se encuentra uno de los fenómenos comerciales más grandes del último año: «La empleada» (2025).
Construyendo un éxito
Dirigida por Paul Feig y protagonizada por Sydney Sweeney y Amanda Seyfried, esta película fue rodada con un modesto presupuesto de USD 35 millones. Contra todo pronóstico, y a pesar de haberse estrenado el mismo día que «Avatar: Fuego y cenizas» (2025), este thriller psicológico recaudó más de USD 400 millones a nivel mundial.
Lo fascinante de este éxito radica en su falta de originalidad. «La empleada» representa un reciclado de tropos del suspenso doméstico y el thriller de los años 90, pero sin la intención de actualizarlos o superarlos. La trama evoca tanto a films como «La mano que mece la cuna (1992), «Durmiendo con el enemigo (1991) o «La babysitter» (1995). Pero la referencia más notable es «Perdida» (2014), de donde toma el recurso narrativo de quebrar la trama a partir de un cambio de punto de vista que resignifica todo lo que se vio hasta el momento.
En los papeles, esto hace parecer que esto no es más que un monstruo de Frankenstein construido a partir de mejores films. Sin embargo, solo pone en evidencia que la obsesión que tiene Hollywood de construir franquicias que atraigan a los “cuatro cuadrantes” ha dado como resultado producciones que no toman riesgos. Que esta película ponga en pantalla intriga y tensión sexual la convierte en una rareza.
No menos importante, frente a la fatiga que producen los grandes estudios con universos cinematográficos que exigen al público recordar varias series de televisión y películas previas para entender la trama, «La empleada» es una historia con un principio, un desarrollo y un desenlace concretos.
Ganarle al algoritmo
El triunfo comercial de «La empleada» puede encontrarse en una serie de decisiones estratégicas. En primer lugar, es una adaptación del best-seller homónimo escrito por Freida McFadden y publicado en 2022. La distribuidora Lionsgate supo capitalizar este fenómeno literario, terreno que conoce gracias a su historial financiero con franquicias como las sagas Crepúsculo y Los juegos del hambre.
La elección de Paul Feig en la dirección tampoco es casual. Conocido por comedias lideradas por elencos femeninos, entre la que se destaca «Damas en guerra» (2011), tiene un antecedente directo en «Un pequeño favor» («A Simple Favor», 2018), otro thriller protagonizado por dos mujeres donde el misterio y un giro en la trama eran el motor de la trama.
Pero, a diferencia de los tanques donde lo que importa es el atractivo sea la marca o el disfraz del personaje, esta se apoya en sus dos actrices principales. Si bien es más conocida por su papel en la serie Euphoria y sus escándalos mediáticos, Sydney Sweeney ha sabido capitalizar su popularidad para convertirse en su propia marca. De esta forma se ha enfocado en elegir con cuidado los papeles que interpreta para aprovechar sus fortalezas artísticas. Estos pueden ir desde películas pequeñas y con ínfulas de prestigio, como «Reality»(2023), hasta el éxito desproporcionado de la comedia romántica «Con todos menos contigo» (2023).
Por otro lado, en sus casi 30 años de carrera, Amanda Seyfried ha trabajado con directores como David Lynch, Paul Schrader o David Fincher. Sin miedo a aventurarse en géneros diversos como musicales -«Mamma Mia» (2008)-, comedias para adolescentes -«Chicas pesadas» (2004)- o películas biográficas -«Mank» (2020)-, suele destacarse en la pantalla, sea cual sea el rol que interprete.
El resultado de mezclar a estas dos actrices es un balance que termina beneficiando a «La empleada». No porque eso la haga una mejor película, sino porque le permite jugar con el lenguaje y los tropos del thriller sin caer del todo en el ridículo.
Cómo dejar de preocuparse y amar el presupuesto reducido
El éxito de esta película expone el error de cálculo que los grandes estudios de Hollywood han estado cometiendo en las últimas dos décadas: polarizar la cartelera y asumir que el público adulto solo consume películas de presupuesto medio a través de las plataformas de streaming, dejando las salas de cine como un territorio exclusivo para los grandes “eventos” plagados de efectos visuales.
Que una producción de este tipo logre un retorno de cientos de millones de dólares demuestra que este cine sigue siendo viable y puede ser una inversión más segura. El éxito que están teniendo propuestas como «Obsesión» (2026) y «Backrooms» (2026), que con presupuestos aún más modestos ya han opacado con creces a «The Mandalorian and Grogu (2026), solo lo confirma.
¿Es acaso este el fin de las franquicias? Por supuesto que no. En lugar de procesar que el público acudió en masa atraído por una experiencia autoconclusiva y libre de ataduras corporativas, Hollywood ya ha puesto una secuela de esta película en preproducción.
Es cierto que se trata de la adaptación del segundo libro de la ahora serie de novelas, pero eso no significa que «La empleada» corre el riesgo de convertirse en otra propiedad intelectual estirada para alimentar el mismo sistema formulaico que mantiene al sistema de estudios en crisis.