Para muchas personas, quizás, el 13 de enero de 2006 se convirtió en el día que un grupo de ladrones (Mario Vittete Sellanes, Fernando Araujo, Alberto De la Torre y Sebastián García Bolster) asaltaron la sucursal N° 207 del por entonces Banco Río en Acassuso (ahora perteneciente a Santander), pero para mi familia fue un día atípico, porque en tres ocasiones fuimos casi víctimas de lo que después se denominó como el «Robo del Siglo».

Era un mediodía caluroso como todos los eneros en nuestro país, me encontraba en mi casa de Acassuso cerca del Club Atlético San Isidro (CASI), a exactamente siete cuadras del banco. Mi madre nos sugirió a mí y a mis dos hermanas ir al supermercado (actualmente Carrefour, en aquel entonces todavía llevaba el nombre de Norte) para comprar comida para almorzar. Una vez adentro del estacionamiento del supermercado, mi madre notó que no tenía el suficiente dinero en efectivo para comprar la comida, por lo que salimos del estacionamiento para ir a buscar plata al cajero más cercano.

Vale destacar que la salida del mencionado supermercado solo permite doblar a la derecha en la Avenida del Libertador, por lo tanto el Banco Galicia que estaba a la izquierda quedaba imposibilitado y el Banco Río era la única opción viable. Para ahorrar tiempo, mi madre estacionó la camioneta Honda CRV azul modelo 2000 (que se ve en la foto) en el estacionamiento de un local que vendía telas llamado Compañía del Comercio que quedaba al lado del Banco. Bajamos los cuatro del auto y nos dirigimos hacia la entrada, con la idea de ingresar al sector de los cajeros automáticos.

Mi madre y yo íbamos adelante junto con mi hermana del medio y la más chica unos pasos más atrás, cuando de repente vemos a una persona apuntándole en la cabeza con un arma a otra que se encontraba arrodillada en el piso, nos sorprendimos y vimos que al lado nuestro había una señora (luego nos enteramos que era la cómplice) a la cual mi madre le dice «están robando el banco». Casi sin inmutarse, la señora la mira con cara de «y a mí que me importa», fue en ese momento que empezamos a correr hacia el auto para irnos del lugar con el riesgo de que desde adentro nos vieran y seamos parte del grupo de rehenes dentro la sucursal. Atinamos a ir al auto, pero mi madre nos gritó «no, al auto no, corran», por lo tanto la camioneta Honda CRV quedó estacionada en la Compañía del Comercio.

Lo primero que hicimos fue entrar a una farmacia cercana para informarle al custodio de la misma que estaban asaltando el Banco Río. En la farmacia nos dieron vasos de agua para calmar la tensión del momento y, a los pocos minutos, vimos llegar los primeros patrulleros de la policía. Una amiga de mi hermana vivía a pocas cuadras, por lo que fuimos a comer ahí mientras en la televisión todos los noticieros ya se hacían eco de lo que estaba ocurriendo dentro del banco.

Pero esto no terminó, luego de pasado un rato fuimos a la casa de mi abuela, donde nos encontramos con mi tía (la hermana de mi madre) y mis dos primos. Mi tía nos contó que a las 12:30 horas había estado en el banco haciendo un trámite personal. Vale recordar que el asalto comenzó a las 12:38, por lo tanto mi tía no fue un rehén más de Vittete y compañía por tan solo ocho minutos.

En la televisión informaban que los malhechores estaban saqueando las cajas de seguridad, y rápidamente recordamos que mi abuelo (el padre de mi madre y mi tía) tenía una caja ahí dentro. Las horas pasaron y los asaltantes dejaron salir a los rehenes ganando tiempo para escaparse, como es conocido, por el boquete que realizaron dentro del banco para poder conectarlo con el Río de la Plata donde los estaba esperando el cuarto integrante de la banda con dos gomones.

Una vez que la zona estuvo liberada y ya eran algo así como las 2 de la mañana, mi padre acompañó a mi abuelo para corroborar si la caja de seguridad había sido vulnerada o no. Mientras tanto yo, que en ese momento tenía 16 años, seguía todo desde la televisión. Recuerdo haber visto a mi padre y a mi abuelo esperar su momento para ingresar, también recibimos llamados de amigos y conocidos que al ver a mi padre en la calle llamaban para preguntar si todo estaba bien.

La realidad es que la caja de seguridad de mi abuelo no fue vulnerada porque se encontraba pegada a una pared, por lo que la herramienta que usaron los ladrones para abrir las cajas no daba el ángulo y, por lo tanto, las dejaron sin abrir. Es aquí donde mi familia por tercera vez es casi víctima del «Robo del Siglo». La camioneta la fuimos a buscar al día siguiente, porque la policía no le permitió a mi padre sacarla en ese momento.

Vittete y su banda consiguieron llevarse en el botín la suma de aproximadamente 19 millones de dólares. La policía solamente pudo recuperar 1.172.000 y hoy, 14 años después, nadie sabe qué pasó con los restantes 17 millones de dólares.

Más tarde la prensa dio a conocer que el robo había sido realizado con armas de juguete y que los asaltantes pusieron en la entrada del túnel una trampa cazabobos para que los policías tuvieran que desactivar y darles tiempo de escaparse con el botín, además dejaron en la zona de las cajas de seguridad una nota escrita por Araujo que decía: «En un barrio de ricachones, sin armas y sin rencores. Es solo plata y no amores».