Siempre me imaginé a los presos con los uniformes a rayas blancas y negras como en las películas. Los pasillos oscuros y húmedos como en “Milagros inesperados” y el policía robusto golpeando los barrotes de cada celda con la cachiporra. Las pizzas y la cerveza sobre el escritorio del jefe y las ratas sus íntimas amigas. Eso y más volaba en mi imaginación cuando pisé el penal de Ezeiza.
ezeizaHacía mucho calor. Los noticieros se ocupaban de mostrar un día de altas temperaturas en todo Buenos Aires. Por la tarde del martes, en la cárcel de Ezeiza el sol se reflejaba en las caras de los guardias y los perros descansaban bajo la sombra. El complejo empieza con un extenso estacionamiento privado y enfrente se encuentra la entrada del hall principal con el piso de color beige, cubierto con papeles y colillas de cigarrillo. Dentro de esta galería se hallan un par de hamacas y toboganes, y un toldo transparente para frenar el viento. Más adelante, la puerta de chapa de color amarillo se encontraba cerrada, al igual que las ventanas a sus costados.
Adentro permanecían tres policías, dos mujeres con sus teléfonos celulares y un hombre del otro lado del mostrador. A la izquierda, una mesa negra y vieja que se salvó de terminar en un basurero y unas planchas de madera intentaban formar una pared divisoria. El techo está roto y es similar a un telgopor. Ningún ventilador estaba encendido. Una ventana, del mismo color de la puerta, se mantenía abierta gracias a un tenedor con mango de madera. El detector de metales estaba encendido, uno de los guardias miraba atento las imágenes. A su lado, una máquina detectora de sustancias como la cocaína o marihuana. “Funciona, sí, y está prendida. Pero no la usamos, nos tienen que venir a preparar”, comentó Víctor, policía del penal.
fotos-Penal-EzeizaLa cárcel de Ezeiza ocupa 350 hectáreas, con una capacidad para alojar a 1.620 presos.
Dentro de este lugar se encuentran casas pequeñas y aisladas del resto para los que están en las últimas fases de tratamiento penitenciario con los tramos previos, como la libertad restringida y salidas transitorias.
Hablé con Francisco, detenido en el penal, y explicó que la división no está hecha por gravedad de delitos, con la excepción de los referidos a sexuales y drogadictos. Y agregó: “Hay módulos y pabellones de conducta, donde están los conflictivos los llaman pabellones villa”.
La Unidad IV de mujeres cuenta con 4 módulos independientes con pabellones de alojamiento común. Allí hay un Centro de Rehabilitación para drogadictos y el anexo psiquiátrico para las reclusas. El Centro de Detención de Mujeres “Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás” Unidad 31 contiene pabellones para 11 internas con celda individual, con sectores para madres y un jardín maternal ubicado fuera del predio.
“Se busca generar más violencia para sancionarte todo el tiempo y no dejarte evolucionar”, dijo Francisco, detenido hace un año. Tras ser indagado por el nuevo nombramiento de Alejandro Marambio, Francisco se explayó y admitió que son “verdugueados” y que todo lo que se había avanzado, retrocedió. Denunció que hay muchísima droga dentro y que ahora todos los pabellones son villa. “Varios jefes renunciaron a su cargo por el sistema de Hortel”, disparó Víctor, que estaba de guardia. Y agregó: “Había ciertos ingresos excesivos de los parientes, por eso falló mucho la seguridad. Hizo un buen trabajo, pero a nosotros nos incomodaba”, concluyó.
fotos-Penal-EzeizaEl martes 18 de agosto se fugaron trece presos del módulo tres del complejo penitenciario. Lograron escapar mediante un boquete que realizaron en el piso de la celda 22 del pabellón B. Se denunció que hubo complicidad con los internos del penal, y el director del Servicio Penitenciario, Víctor Hortel, renunció. Lo reemplazó Alejandro Marambio, quien ya había ocupado ese cargo durante 2007-2011. Marambio también había recibido denuncias pero, a diferencia de Hortel, fueron por maltratos a los internos.
Según el Sistema Nacional de Estadísticas sobre la Ejecución de la Pena (SNEEP), la cantidad total de personas detenidas supera los 60 mil. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) tienen la orden de supervisar, por lo que en mayo del 2010 el relator doctor Rodrigo Escobar Gil, luego de haber recibido denuncias, visitó los predios. Emitieron un comunicado que expresa “su profunda preocupación por las condiciones de detención en la que se encuentran las personas privadas de libertad en la provincia de Buenos Aires”. Luego, le pidió al Estado Argentino, particularmente a la provincia de Buenos Aires, diseñar e implementar una política penitenciaria y formular un plan general para superar la situación de violencia, de alimentación y de vestimenta que padecen. “El trato entre el policía y el interno es en general muy malo”, dijo el penado.
fotos-Penal-EzeizaRespecto a la comida que reciben, declaró que es incomible. “Comemos en un comedor, donde cada pabellón tiene su código, y para conseguir una mesa hay que pelear por ella porque no todos son bienvenidos, tenés que ganártela”, y amplió: “la mesa se comparte con gente de confianza, de tu rancho”.
El tiempo para comunicarse con sus familiares lo dispone cada pabellón y se arregla entre los propios internos. En algunos pabellones hay horarios fijos, los cuales, según Francisco, generan peleas constantes. Las visitas son los martes y sábados o miércoles y domingos, y su horario depende del módulo en el que se esté. Las comunes son de 14 a 17 y las visitas íntimas o de trabajo son de 12:30 a 17 horas.
No vi ratas, cachiporras ni barrotes. Vi soledad y abandono.
 

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