A Sheila la encontraron en una bolsa detrás de un viejo colchón y una pared. Su cuerpo de 10 años descansaba mudo y frío y con marcas de una muerte violenta. Su búsqueda movilizó a vecinos, policía y prensa en todo el país. Sus familiares salieron en las pantallas pidiendo su aparición. Su tía Leonela Ayala, una mujer embarazada, lloraba y pedía que devolvieran a su sobrina. La principal sospechosa, su madre. Tres días después su tía, la misma que lloraba y señalaba culpables, confesaba que la había matado.
Alberto, de 6 años, desapareció de la mano de su padre y hasta el momento no se sabe su paradero. El 22 de septiembre el niño salió a caminar con su padre por un sendero del corregimiento de Minca, estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, y fue como si la selva se lo hubiera tragado.
La búsqueda se extendió y la presencia de Policía, el Ejército y la Defensa Civil en la línea de búsqueda y CTI Fiscalía, Sijin y Gaula en el área de investigación, arrojó un dato estremecedor. Inicialmente se pensó que su padre se habría ahogado en un río en el corregimiento de Minca, pues su cadáver fue hallado en una roca a orillas del cuerpo de agua. Sin embargo, el hallazgo de un agujero de bala en el cráneo descartó un accidente.
Desde entonces no se sabe nada del paradero del niño y, con el pasar de los días, se desvanecen las esperanzas de hallarlo con vida.
¿Qué tienen de parecido estos dos casos que enlutan a Argentina con Sheila y a Colombia con Alberto? Ambos coinciden en la pobreza, marginalidad, venganza, mafia y ensañamiento con niños. Víctimas que se suman a las cifras aterradoras que estremecen a la sociedad.

Datos que aterran

Según Missing Children, en la Argentina en 2017 se registraron 13.136 desapariciones, 128 niñas o niños fueron encontrados muertos y 653 siguen sin ser hallados.
A Colombia, tierra del Sagrado Corazón, no le va mejor. 1.831 han sido reportados como desaparecidos desde enero hasta septiembre de este año. Según Medicina Legal se contabilizan 989 menores, es decir, que el 54% continúa en esa condición. De acuerdo con el reporte, 1.280 son casos de niñas (70%), frente a los varones que registran 551 casos.
Entre los que tienen las tasas más altas, están la perdida de mujeres de entre 10 a 17 años. Hasta septiembre de este año la cifra supera los 1.200 casos.
La desaparición forzada fue el método de represión más utilizado en las dictaduras a lo largo y ancho de nuestra Latinoamérica, un monstruo que acecha desde la marginalidad y se roba a nuestros niños aún en tiempos de democracia.

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