Avenida Corrientes se transformó, por una noche, en una gran librería. Desde Callao hasta Talcahuano se podía caminar hojeando libros y sumergirse en el mundo fantástico de la literatura. Entrar en cualquiera de las librerías abiertas significo perder la noción del tiempo mientras se elegían textos para mirar, aún sin tener ninguna intención de comprar.
sillonesY aquellas personas que se decidían a comprar también podían disfrutar de su lectura en unos cómodos sillones blancos, dispuestos en el centro de la avenida. Mientras se leía se podía escuchar a escritores que interpretaban escenas del género policial.
En la sexta edición de esta actividad cultural y recreativa participaron 48 librerías, repartidas en su mayoría en la Avenida Corrientes, con 29, y también se hicieron presentes por primera vez locales de los barrios de Belgrano, Palermo, Recoleta y San Telmo.
Como suele suceder en estos eventos, no solo la gente habitualmente lectora y visitante de estos negocios se hizo presente, sino que mucha gente que se sintió atraída por la posibilidad de tener a su alcance tanto material se dio una vuelta. De esta manera, las librerías pueden vender más que en un día «común».
principitoY claro, porque es una oportunidad única para poder comprar libros, se los tiene ahí a disposición. Y si uno aprovecha las ofertas y hace cuentas con la calculadora, se puede ir con un buen material, para consumo propio o regalo, que tan presentes los tenemos en este fin de año. Además y, por qué no, llevarse ese libro que hace tiempo que uno busca y no encuentra.
actividadesDurante La Noche de las Liberías no solo las más conocidas estaban a la vista: sobre la calle se instalaron stands de editoriales más pequeñas, de talleres de encuadernación, como la Editorial Eloísa, que vendía sus libros de poemas encuadernados coloridamente. Y para los más chicos también hubo actividades. Mientras los mayores disfrutaban de la búsqueda de libros, varios artistas representaban obras para el entretenimiento de los más pequeños.
ajedrezY como no solo de libros vive el hombre, el esparcimiento intelectual tuvo otras vertientes. En uno de los extremos de esta gran librería se podía jugar al ajedrez, al Go y al Scrabble. Las tres asociaciones argentinas de estos pasatiempos o juego-ciencia, enseñaban a quien quisiera participar, así como los invitaban a concurrir a sus reuniones semanales.
El lugar con más aglomeración de gente, sin embargo, no fue una librería. Era obvio, porque era un lugar al que si uno iba no podía seguir caminando si quería apreciarlo. Fue el recital de Julieta Venegas, que deleitó a las 3.000 personas que la escucharon cantar en sus asientos, cómodos, como fondo musical de sus lecturas.