No son pocos los niños que presentan problemas, tanto de aprendizaje como de conducta. Estas son dificultades que derivarán en una consulta con el psicopedagogo.

Se denomina trastornos de aprendizaje a las dificultades que se detectan y hacen que el niño tenga a un nivel inferior al esperable para la edad, siempre y cuando ello no se deba a una patología preexistente.

El chico con dificultades de aprendizaje  se muestra tanto o más angustiado que sus padres, ya que siente que no es comprendido y, por otro lado, se siente en inferioridad de condiciones con sus pares porque no logra desempeñarse en clase como sus compañeros. Es frecuente que los maestros lo perciban como un alumno flojo, con una conducta desorganizada o sin motivación. El chico probablemente se sienta fracasado y percibe el aprendizaje como una tarea imposible de lograr.

Para poder abordarlo de forma apropiada, el psicopedagogo deberá hacer una valoración del problema mediante un diagnóstico psicopedagógico que mida el nivel madurativo, su estado neurológico, su nivel de inteligencia y su personalidad en general, indicando la necesidad de hacer o no un tratamiento.

Cada vez son más los padres que se preocupan por el aprendizaje de sus hijos, dado que la educación formal les permite insertarse adecuadamente en el mundo de hoy.  En términos generales, se van atravesando las distintas etapas de la educación, aprendiendo a leer, a escribir, a resolver cálculos de todo tipo, para continuar luego en las distintas materias específicas que completarán su formación básica. Sin embargo, hay niños que no logran desempeñarse como el resto de sus pares: son pequeños que manifiestan serias dificultades para aprender, que preocupan a padres y docentes. Por lo general, estos comienzan a manifestar sus problemas con diversos síntomas, los cuales, tomados en cuenta tempranamente, ayudarán a identificar la dificultad que les impide aprender.  Con frecuencia los papás angustiados por las dificultades de sus hijos suelen hacer comentarios que hacen referencia al problema: “no termina las tareas”, “se distrae con facilidad”, “no entiende las consignas”, “no escribe en forma clara”, “está en constante movimiento”. Cualquiera de estas frases debe ser tomada como una señal de alarma para solicitar ayuda a un profesional especializado en el tema.  La consulta temprana cobra, en estos casos, una importancia suprema. Contar con un diagnóstico lo más pronto posible permite comenzar un tratamiento inmediato y así evitar que los problemas se agraven.

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