«Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido»

Varias personas desconocen el sacrificio que los científicos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) decidieron realizar el 3 de noviembre de 1957. 68 años después, los asistentes que contribuyeron con la misión viven con la culpa de enviar a Laika, una perra callejera soviética, al desconocido espacio exterior.

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética estaban enfrentados ideológicamente y competían en todos los frentes. Cada país tenía equipos de científicos trabajando para lograr llevar al hombre al espacio. En 1957, la URSS (actual Rusia) decidió mostrar sus avances y lanzó el Sputnik 1, «el primer satélite artificial». El aparato llevaba sensores para medir la temperatura interna y externa y servía para recopilar datos para futuras misiones.

El éxito del Sputnik 1 fue un golpe para Estados Unidos y un triunfo enorme para la URSS. Por eso, Nikita Khrushchev, quien era su líder, quiso ir todavía más lejos y decidió que el próximo lanzamiento no sería solo tecnología sino que incluiría un ser vivo.

Según los registros de la época, los científicos decidieron enviar perros callejeros al espacio, ya que necesitaban que fueran animales que resistieran los cambios bruscos de temperatura y el hambre en el espacio. Tres animales fueron seleccionados para experimentar las condiciones que un humano podría vivir en el espacio: Laika, Mishka y Algina.

Primero encerraron a los perros en un espacio limitado para que se acostumbraran a lo que sería el interior del Sputnik 2, lo que generó el comienzo de problemas de salud por las fuertes reacciones que les generaban. Después los pusieron en centrifugadoras para simular la fuerza del lanzamiento, lo que les aceleraba muchísimo el ritmo cardíaco. También usaron máquinas que imitaban los ruidos del despegue y comenzaron a alimentarlos con una comida en gel, que era lo único que podrían consumir en el espacio. Sin embargo, mientras los animales seguían mostrando signos fuertes de estrés, Khrushchev anunció que el satélite estaría en órbita el 7 de noviembre, cuando aun así la nave ni siquiera estaba lista.

Es así como el 3 de noviembre Laika, una perra noble, tranquila y cariñosa, fue lanzada dentro del Sputnik 2 al espacio. Tras su terrible muerte, la URSS ocultó la verdadera causa, construyendo una realidad completamente diferente, en donde Laika habría recibido la eutanasia antes de quedarse sin oxígeno varios días después de haber salido de la Tierra, pero la realidad de su muerte fue relevada luego.

La perra murió entre las cinco y las siete horas luego del lanzamiento. Las altas temperaturas registradas dentro de la cabina del Sputnik 2 terminaron siendo inadecuadas, ya que su organismo no logró adaptarse por completo a las condiciones extremas del vuelo. Según los reportes difundidos, el estrés acumulado durante el entrenamiento y el propio despegue agravó su estado hasta hacerlo irreversible. Es por eso que la combinación de calor, la falta de control de la temperatura dentro de la cápsula y todo el esfuerzo físico para el que ella no estaba preparada, hicieron que muriera mucho antes de lo que la URSS había dicho en ese momento.

Es claro que cuando Laika despegó de la Tierra, científicos ya sospechaban que no iba a regresar con vida. Incluso Oleg Gazenko, su entrenador, habló años después del peso que cargó por su muerte. En sus palabras: «Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. No deberíamos haberlo hecho, ni siquiera aprendimos lo suficiente en esa misión como para justificar la pérdida del animal».

Los restos de Laika nunca fueron sepultados correctamente, ya que el Sputnik 2 se desintegró al volver a entrar en la atmósfera después de 163 días orbitando la Tierra. La muerte de la perrita generó críticas en su momento, sobre todo de quienes cuestionaban por qué era necesario sacrificar animales para estudiar las condiciones del espacio. Tiempo después, el científico Dimitri Malashenkov, que también participó del proyecto, reconoció en un informe presentado en el Congreso Mundial del Espacio en Houston que «fue prácticamente imposible crear un control de temperatura fiable en tan poco tiempo», refiriéndose a la construcción apresurada del Sputnik 2.

Como tributo, existen perros llamados como ella, centros veterinarios, marcas de productos para mascotas, canciones, poemas y un montón de homenajes. En la actualidad, no sabemos cuánta gente conoce realmente la historia tan triste del primer ser vivo que llegó al espacio. Aunque las personas que no tienen un peso en la toma de decisiones no puedan decidir si realizar o no un experimento, es importante empatizar con lo que pasó, para poder recordar a Laika en todo su esplendor. Su nombre quedó grabado en la memoria de todo el mundo.