Dentro de la competencia argentina del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), se presentó el extraordinario documental “Método Livingston” de la directora Sofía Mora, el cual no se llevó premios oficiales. Sin embargo, en un acto de justicia poética, sí logró el premio del público. Durante el mes de agosto se incorpora a la programación del MALBA todos los sábados a las 20 horas.

“Arquitecto exitoso, ignorado por el statu quo, polemista infatigable, bon vivant de la vieja escuela y santo hereje en la Cuba castrista”. Así, en pocas palabras, describe a Rodolfo Livingston la sinopsis de esta película.

Intentar sintetizar el “Método Livingston” en unas pocas líneas es una trampa, pero el indicio es pensar la arquitectura directamente conectada a un costado más humano, que tiene en cuenta los deseos y afectividades genuinas de cada familia en particular con su hogar. “La arquitectura es el envase de las escenas familiares”.

Marcado en su incipiente vida adulta por la Cuba revolucionaria, Rodolfo Livingston creció convirtiéndose en un pensador de lo cotidiano, reflexionador compulsivo del paso a paso en la vida y la arquitectura. El documental recorre la carrera profesional de este arquitecto y la transversalidad de sus ideologías atravesando cada momento de su historia.

Laten convicciones que asumen el amor como convicción política. Un criterio con el cual el protagonista vive, analiza el mundo y lo transforma en la medida que puede.

En el trabajo de Sofía Mora está la búsqueda de las fisuras en una persona que elaboró demasiado su propio ser, la grieta por la que se ve adentro de lo construido. Surge como otro de los flujos conductores “la vejez”, sostenida por más personajes increíbles que se suman con más perspectivas maravillosas y entre chistes tejen y destejen dudas, miedos, resistencias y valores del inevitable paso del tiempo.

Entre el valioso material de archivo, sus participaciones en “La noticia rebelde” y en “Tiempo nuevo” punzante frente a Bernardo Neustadt, pueden invitar a redescubrir todos esos espacios por los que pasó frente a nuestros ojos Rodolfo Livingston, no importa si en ese momento lo notamos o no, ahora tenemos una oportunidad de incorporarlo a la memoria de nuestra popular pantalla televisiva y valorarlo por esos archivos brillantes.

También en el imaginario de los espacios que frecuentamos y ahora pueden respirar su esencia, en esta actualidad social con la sensibilidad y el afecto adormecido, este documental es una recarga de energías para repensar nuestros vínculos con el oficio, la naturaleza, la vejez, los recuerdos, los rituales y la vida.

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