Están delante de nosotros permanentemente. Los vemos en todo momento. En el colectivo, en los escaparates, en los tejados, en las señales de tráfico, en los árboles. En los ojos de las personas. Y no siempre reparamos en su valor, en su significado, en sus matices y, sobre todo, en sus efectos. Son los colores. Están en todas partes, y no solo en lo que se muestra ante nosotros, sino también en nuestros recuerdos y en nuestra imaginación.
La asociación de los colores a los estados de ánimo y actividades de las personas se remonta a la etapa de la prehistoria, donde nuestros antepasados relacionaban el amarillo del sol con la actividad y el movimiento, y el azul oscuro con el descanso de la noche.
Numerosas investigaciones han revelado que los colores, en sus distintas tonalidades y contextos, producen determinados efectos físicos que afectan realmente a nuestro estado de ánimo. Un ejemplo es el famoso test del color de Max Lüsher de 1940, cuyos resultados son reconocidos a nivel mundial y usados por psicólogos, doctores y universidades para saber cuál es la actitud de candidatos y pacientes. Estos estudios han avanzado al punto que, en la actualidad, existe un método curativo denominado Cromoterapia, a través del cual se ayuda a curar ciertas enfermedades a través de la utilización de colores.
Asimismo, la gente que trabaja en agencias de marketing y publicidad son conscientes del poder y la influencia de los colores, y los utilizan para asociarlos coherentemente al tipo de producto que quieren hacer llegar, como es el caso de los envases de artículos de limpieza, medicamentos y cosméticos presentados casi en su totalidad en blanco. Y los precios de las ofertas sobre fondos amarillos y contornos rojos, gamas que incitan a la actividad y llaman la atención.

Influencias

Los colores no dicen y no expresan nuestra forma de ser, pero pueden influir negativa o positivamente en nuestro estado de ánimo, a través de las sensaciones que nos pueden ofrecer. Para el hogar, los especialistas aconsejan pintar las paredes de los dormitorios de los bebés con tonos suaves en lugar de colores primarios brillantes, pues pueden confundir sus habilidades sensoriales y abrumar a los pequeños.
El protocolo de los colores también existe en el lenguaje de la moda y las relaciones sociales. Por ejemplo, si tenemos una cita importante que requiera etiqueta, el primer color para la indumentaria que se nos pasa por la mente es el negro (siempre aciertas). El color negro nos aportará un toque de elegancia. Para las relaciones más íntimas nos fijamos en el rojo. Un color que nos transmite sensualidad y pasión. Otro ejemplo es la paleta de colores de las tendencias de la pasarela que marcan los cambios de estación de mayor frío y menos luz, otoño e invierno. La gama de colores suele ser apagada, con colores como el negro, el azul petróleo, el verde aceituna, el granate, el gris y, sobre todo, con tonalidades marrones. Mientras que durante el verano la epidermis reclama un color más cálido y suave como el blanco, el amarillo, el rosa.
En Occidente la elección del tipo de color en el vestuario que utilizamos en dos contextos sociales diferentes como un casamiento o funeral te puede dejar fuera de lugar ante los ojos del resto de invitados. En el caso de las bodas, las invitadas no deben llevar bajo ninguna circunstancia un color parecido al de la novia. Una mujer nunca puede ir con atuendos de color blanco o crema. En el caso de un funeral el color blanco, símbolo de la pureza y la inocencia de la novia, no puede ser usado, ya que el contexto obliga a los asistentes a vestir de negro a los familiares y amistades que acompañan al difunto. El negro es el color de la seriedad, del miedo y lo desconocido.
 
Las reglas básicas que acompañan a los actos anteriormente descritos no son compartidas por el resto de seres humanos. Los habitantes de China y de algunas tribus africanas utilizan en los funerales, o en los actos que conmemoran la memoria de alguien ya fallecido, el color blanco. Las flores, la ropa y la decoración de estos eventos siempre serán de color blanco. En África la influencia de los colores hace que en los entierros se cubran su piel con cenizas blancas para esconder así el color oscuro de su piel.
Así pues, en los colores, como en la vida, todo es relativo. De hecho, cabe recordar el popular refrán: “Nada es verdad y nada es mentira; todo depende del color del cristal con que se mira”.
Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lourdes Fajardo Aguado.

Deja una respuesta