No sé si es la pregunta más acertada, quizás se te ocurren otras, y esa es la idea, que nos preguntemos cosas, todo el tiempo. Más aún, considero que las preguntas que nos hacemos son más importantes que las posibles respuestas que elaboremos. De todas formas, si no llegamos a respuestas nos sentimos incompletos o inseguros. La seguridad da tranquilidad, ¿no? Casi todo el tiempo, la tranquilidad (que nos proveen muchas veces otros) tiene una intención normalizadora, reguladora (en realidad, quiero decir controladora). Bueno, ya lo dije, no es tan grave expresarlo.

Con respecto a estas fechas, quiero aclarar que seguramente festejaré, pero que también está bueno saber qué.

La pregunta inicial, desde cuándo, refiere inevitablemente a un por qué o a un qué pasó. ¿Qué fue tan importante? Ahí empiezan los problemas, por lo menos, para la postura que expresé antes.

Mientras escucho casualmente -o no- a Jamiroquai, busco en algunas páginas de internet, descarto la mayoría de los resultados (como casi siempre) y encuentro algunos datos interesantes, conocidos quizás unos, y nuevos para mí otros.

Entre los interesantes están los debates sobre el año en que nació Jesús, si aceptamos como fuente histórica a la Biblia, cuestión también debatible (léase: la religión es un invento de los hombres y de las mujeres), cuyo resultado más aceptado es que hay una diferencia en el calendario de entre 4 y 7 años, es decir que Jesús nació antes de Cristo (es solo una manera irónica de expresarlo, no hay por qué enojarse).

A partir de los registros religiosos y datos presentes, por ejemplo, en los famosos Manuscritos del Mar Muerto, todo indicaría que Jesús fue concebido para la misma fecha en que luego moriría, el 25 de marzo, en las «¨calendas de abril». Si sumamos nueve meses, nos da la fecha que en la actualidad festejamos su nacimiento. Otros autores proponen el 6 o 7 de enero, a partir de datos posteriores y fuentes judías, que además no aceptan las reformas que tuvo el calendario.

Desde el Siglo III en el Imperio Romano, hay pruebas del festejo de la Natividad de Cristo, impulsada entre otros por Juan Crisóstomo en el 386, aunque muchos sostienen que la comunidad cristiana ya se reunía con este motivo desde el año 350.

Otros datos interesantes son los que muestran las similitudes entre diferentes creencias y religiones, sobre los mesías, profetas y dioses enviados a la Tierra para salvarnos. La mayoría nace de una virgen, para la misma época del año, en lugares pobres (cuevas, establos, pesebres), llevan a cabo milagros, mueren y resucitan.

Las épocas del año en las que se realizaban «cambios» o festejos especiales tenían (y tienen) relación con la llegada de la primavera, del invierno, del verano, con las posiciones astronómicas de los planetas, con las siembras y las cosechas, todas cuestiones que los diferentes pueblos y culturas tomaron como importantes para ellos. Del sincretismo, de la unión y mezcla de culturas, tenemos los resultados de hoy. Sin ir más lejos, hoy aceptamos a Santa Claus, Papá Noel, vestido bastante abrigadito y hasta con gorro, aceptamos la nieve en el árbol (que parece ser un pino, un abeto, o algo así) y comidas típicas invernales, cuando al sur del Ecuador es… ¡verano!

Entre los datos menos conocidos están los referidos a la religión romana previa al cristianismo más aceptada: el culto a Mitra, el mitraísmo, cuyas similitudes con lo que luego fue el cristianismo son sorprendentes, sobre todo en el culto, es decir, en las ceremonias que se llevan a cabo, misas, hostias, vino y demás.

Hay historias interesantes todavía para hacernos preguntas. La intención siempre está cercana a la misma cuestión: ¿quiénes somos? ¿Por qué somos así? A veces, es una odisea encontrar las repuestas…

Artículo elaborado por Javier Casemayor.

Deja una respuesta