Era una mañana más de marzo del año 2017, Samuel se encontraba realizando sus tareas cotidianas en el local de comidas rápidas donde estaba trabajando. Se encontraba recogiendo unas bandejas detrás y, de repente, se cayó en un drenaje de agua de un metro y medio. El efecto que provocó no fue por la altura sino por el lugar donde golpeó, que marcaría un antes y un después en su vida, transformándola y otorgándole otro sentido.

Conversamos con Samuel Esteban sobre este suceso traumático y todo su proceso hasta su actualidad.

Al introducirnos en lo sucedido, Samuel nos cuenta que «era el mediodía, caí de espaldas, al principio no sentí nada hasta que terminó el turno, cuando la adrenalina había bajado. Algo no estaba bien y me fui a chequearme. Me dolía más de lo que podría haber sido una simple caída, y lo primero que me dijeron fue que era una contractura de la espalda, y así estuve durante una semana, me seguían diciendo lo mismo, hasta que un día no aguantaba más el dolor, me colocaron en una cama y no recuerdo más lo que pasó», comenta el joven estudiante de la carrera de Artes Visuales de la Universidad Nacionales de Artes (UNA).

En relación a la respuesta del servicio médico, Samuel explica que «en esa semana previa me hicieron estudios, me recetaron analgésicos y hasta me dieron una inyección para bajar la inflamación, e insistían con el mismo diagnóstico, hasta que me enviaron a un kinesiólogo, que me dijo ‘yo no te puedo tocar’. Creo que él lo sabía. Los estudios mostraban una mancha alrededor de la columna, entré en un semi coma por un mes y medio, y cuando desperté estaba cuadripléjico. Estaba con un collarín y no sentía nada para abajo, había muchísimos diagnósticos y eran pésimos: que me iba a quedar así para siempre. Yo insistía que había sido un accidente y me decían que era hasta un cáncer. ‘Vas a quedar cuadripléjico’, insistían, y yo empezaba a mover los brazos, ‘vas a quedar parapléjico’ y me paré. El último diagnóstico es el más acertado, que es que tengo una paraplejia, tengo la habilidad de poder pararme y dar un par de pasos, pero cuando salgo a la calle me manejo con la silla”, manifiesta Samuel.

A la hora de señalar la dificultad por la que no encontraban el diagnóstico correcto, Samuel expresa: «El golpe había sido tan fuerte y no podían hacer nada hasta que el hematoma bajara, entonces tuvieron que darme corticoides todo el tiempo hasta que la hinchazón bajara y ahí pudieron examinar el panorama mucho mejor que al principio. Me enviaron a rehabilitación y el problema fue que el hematoma fue interno. En un momento quisieron operarme, pero el diagnóstico era reservado y no había garantía de lo que podía pasarme”, explica Samuel, que a la hora de referirse a cómo transitó toda esta situación, nos comenta: «Creo que he sido muy práctico, he tenido muchos momentos en que me he venido para abajo, que es normal en casos así, esto no fue solo cosa mía, fue en equipo: con mi madre y con Xavier (que es como un padre para mi)».

“Un día vinieron cuatro médicos, yo estaba con mi papá y me dijeron ‘usted no va a volver a caminar’, fue tan agresivo como lo dijeron que le dije a mi papá, ‘me podés dejar solo que yo necesito estar solo una hora’, y en esa hora grité pero en silencio, nunca había hecho eso jamás en toda mi vida, empecé a llorar y gritar en silencio, y en ese mismo momento sentí que mi pie se movía, y dije ‘OK, todavía no me abandona mi cuerpo’”, narra emocionado Samuel sobre ese hecho crucial en este proceso.

Además, afirma que a través de lo emocional podía controlar su cuerpo y en una segunda oportunidad, cuando ingresó una doctora a su cuarto le dijo: «Bueno, vamos a ver qué podemos rescatar, mostrando su falta de empatía, y me hizo ruido, me fui a rehabilitación, me agarré de las barandas y me puse de pie”, detalla sobre cómo los discursos médicos le dieron la fuerza para desafiarlos y vencerlos.

Finalmente, al tomar noción de que su vida iba a tener algunos límites, Samuel nos cuenta que tuvo una gran depresión: “Con la que todavía lucho, porque uno nunca termina de acostumbrarse a algo así. Lo que más me ayudó fue escribir, me armé un diario y me puse a escribir quién era yo, qué cosa quería en ese momento, y a medida que iba escribiendo me di cuenta de que no se trataba de mí sino de un personaje, y más me metía me daba cuenta de que lo podía separar más de mi vida privada. Esta obra literaria próximamente se transformará en un libro para compartir con la gente”.

”Es importante poder conocerse y saber que, aunque no vayas a ser la misma persona que antes, podés encontrar diferentes caminos de lo que se ha planteado en la vida, hay que entender que va a haber momentos que no siempre van a hacer un buen día y eso está bien”, relata Samuel, contando que una de las formas que lo salvó fue el amor: «Conocí a un chico que me rescató, al igual que lo hicieron mis padres y Xavier. Pedro me hizo darme cuenta que puede haber otro tipo de relaciones más allá de las convencionales y deberían ser más visibles”.

Al concluir la charla, Samuel explicita las dificultades para trasladarse, afirmando que hay dos ciudades distintas: la que él conocía antes del accidente y la que conoce ahora, con calles en que no se puede circular o lugares donde no se puede ingresar porque la silla no entra. Entre otras cosas, demuestra que con su simpatía, carisma y amor a la vida va transitando los obstáculos y construyendo su vida a través del deseo y su pasión.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Fernando Otondo.

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