El jueves 18 de septiembre es la fecha histórica y signada para que los ciudadanos de Escocia voten en un referéndum su independencia de Gran Bretaña. Los casi 4 millones y medio de personas mayores de 16 años habilitadas para responder acerca de si «Escocia debe ser un país independiente» mantienen en vilo a la región y, al parecer, hasta el momento el resultado podría ser más que reñido, según los sondeos previos.
Al respecto del Acta de Unión del año 1707 que integró al país al Reino Unido, el primer ministro David Cameron se manifestó públicamente e intentó convencer a los indecisos sobre el tema al prometer a Escocia «total autonomía para los gastos en el área de Salud» en lo que, según Alex Salmond (primer ministro perteneciente al Partido Nacional Escocés -SNP-) es un último intento desesperado para revertir la inminente separación. La idea se confirma si consideramos que, luego de esas palabras, Cameron alertó que «no hay vuelta atrás» y que «esta es una decisión para siempre. Si Escocia vota sí, el Reino Unido se dividirá y seguiremos caminos diferentes para siempre».
En cuanto a las posibilidades de estabilidad económica por parte de Escocia, es por muchos conocida la explotación y producción de petróleo en el Mar del Norte para potencialmente convertir a la isla en una de las naciones más sólidas de todo el continente, que estiman las futuras extracciones con resultados comerciales entre 2.500 (los más optimistas) y 200 millones de dólares (las estimaciones menos afortunadas). Quienes se encuentran a favor de mantener la unión alegan que el dinero del petróleo no fue «desperdiciado» sino que se invirtió en Salud, Educación y Pensiones.
Pero el conflicto va más allá de los barriles de oro negro. «Lo que está en juego no es apenas la tradicional disputa entre ingleses y escoceses que la vestimenta de tartán recuerda a cada paso. En los finales de los 70 y los inicios de los 80 el thatcherismo arrasó con las industrias británicas tras doblegar a los mineros del carbón. Muchas de las minas estaban en Escocia, que al igual que las acerías de Glasgow, cerraron por la política económica neoliberal. Los más viejos recuerdan aún que nunca los escoceses votaron a favor de esas decisiones. Siempre en el norte ganaba el laborismo», expresa con acierto el periodista y escritor Alberto López Girondo en su blog.

Alex Salmond contra el Reino Unido y su aliado

«No fue casual que la última cumbre de la OTAN se hubiese realizado la semana anterior en Gales. El tema a tratar era la conformación de una alianza para combatir a los extremistas del Estado Islámico. El mensaje del presidente estadounidense Barack Obama y del propio Cameron fue claro: ¿Cómo piensan defenderse los escoceses de las amenazas del terrorismo islámico si quedan fuera de Gran Bretaña?», detalla López Girondo. «¿Será casual también que Obama haya anunciado la ofensiva contra los yihaidistas del Estado Islámico este martes? Tampoco resulta casual que las mayores empresas con sede en Escocia hayan anunciado cierres y despidos masivos si se aprueba el Sí».
Por su parte, en su campaña «personal» Alex Salmond, quien fue criticado fuertemente por su relación con Vladimir Putin y en reiteradas ocasiones compartió la enseñanza más fuerte de su abuelo («me enseñó cómo debían ser las cosas, más que cómo eran»), expresó hace poco tiempo atrás que Escocia es «una nación rica, contamos con gente con recursos, podemos crear una nación más poderosa y más justa. Es nuestro momento».