«10 cosas que odio de ti»: los clásicos se mudaron al secundario

Las comedias románticas existen prácticamente desde los inicios del cine, pero fue durante los años 90 cuando vivieron su época dorada. Hollywood encontró el equilibrio perfecto entre humor, romance y personajes memorables, convirtiendo a las rom-coms en uno de los géneros más exitosos de la década.

Mientras que el público adulto se enamoraba con “Mujer bonita” (1990), “La boda de mi mejor amigo” (1997), Tienes un email (1998) o “Un lugar llamado Nothing Hill” (1999), los adolescentes encontramos nuestras propias historias de amor en los pasillos del colegio. “Ni idea” (1995), “Ella es así” (1999), “Jamás besada” (1999) y “10 cosas que odio de ti” (1999) retrataron los primeros amores, las inseguridades y la búsqueda de identidad de toda una generación.

Pero hubo un ingrediente que hizo especiales a muchas de estas películas: las adaptaciones de clásicos de la literatura. William Shakespeare, Jane Austen, George Bernard Shaw, Pierre Choderlos de Laclos dejaron de pertenecer a otra época para convertirse en protagonistas del cine adolescente.

Huele a espíritu adolescente

Lo interesante de este fenómeno es que las adaptaciones no buscaban reproducir fielmente a las obras originales, sino trasladar sus conflictos a un lenguaje contemporáneo. Shakespeare pasó de la nobleza a una secundaria norteamericana; Jane Austen dejaba la Inglaterra del siglo XIX para instalarse en Beverly Hills.

Los escenarios cambiaban, pero las emociones seguían siendo las mismas. El primer amor, la presión social, el deseo de pertenecer, los prejuicios o la construcción de la identidad son conflictos que atraviesan cualquier época. Ese fue el principal hallazgo en estas adaptaciones: demostrar que los clásicos podían seguir hablando de los adolescentes sin perder su esencia.

No puedes comprar mi amor

Dirigida por Gil Junger, en su debut como realizador, y escrita por Karen McCullah y Kirsten Smith (quienes más tarde escribieron el guión de Legalmente Rubia (2001)), “10 cosas que odio de ti”, se basa libremente en La fierecilla domada de Shakespeare para construir una historia nueva.

Cameron James (Joseph Gordon-Levitt), un estudiante nuevo que se enamora de Bianca Stratford (Larisa Oleynik), una de las chicas más populares de la escuela. El problema es que el estricto padre de Bianca (Larry Miller) le prohíbe salir con chicos hasta que su hermana mayor, Kat Stratford (Julia Stiles), también tenga una cita. Como nadie parece dispuesto a acercarse a ella por su fama de antisocial e intimidante, Cameron idea un plan: convencer a Joey Donner (Andrew Keegan), otro interesado en Bianca, para que le pague a Patrick Verona (Heath Ledger), el misterioso “chico malo” del colegio, con la intención de conquistarla, aunque no será una tarea fácil.

La premisa responde a la estructura clásica de una rom-com: dos protagonistas destinados a encontrarse, obstáculos, humor y una inevitable tensión romántica. Pero la película demuestra que tiene mucho más para ofrecer.

No rompas mi corazón

Desde los primeros minutos, Michael guía a Cameron por los pasillos de Padua High y le presenta las distintas “tribus” del colegio: los populares, los intelectuales, los deportistas, los rebeldes y los futuros empresarios. Esa secuencia no solo funciona para el espectador, sino que también establece los arquetipos que parecen definir a cada personaje: Joey es el chico atractivo y superficial, Bianca es popular e inalcanzable, Patrick el rebelde sin causa y Kat la feminista antisocial.

Sin embargo, uno de los grandes aciertos consiste en romper con esas etiquetas, ya que ninguno de los personajes termina siendo exactamente como parece al principio. No evolucionan para gustarle al otro sino porque su vínculo los obliga a enfrentarse con sus propios prejuicios e inseguridades.

La película también construye uno de los mejores ejemplos del recurso “enemies to lovers”, una dinámica que hoy sigue siendo una de las favoritas del público. Kat y Patrick comienzan rechazándose, se desafían todo el tiempo y convierten cada conversación en un duelo de ingenio e ironía. La atracción nace del conflicto y no del flechazo inmediato, haciendo que el romance resulte mucho más creíble.

No puedo sacar los ojos de ti

Si hay una escena que resume el espíritu de las rom-com es la inolvidable serenata de Patrick Verona. Con todo el colegio como testigo, Heath Ledger interpreta “Can’t´Take my Eyes Off You” de Frankie Valli, mientras recorre las gradas del estadio, canta, baila y termina escapando de los guardias de seguridad. Es un momento icónico que marca el verdadero punto de inflexión de la historia: Patrick deja de actuar por interés y se interesa realmente por Kat.

Quiero saber qué es el amor

Durante los 90, las comedias románticas eran mucho más que un género: eran éxitos de taquilla. Lanzaban estrellas como Julia Roberts, Meg Ryan, Sandra Bullock o Alicia Silverstone, imponían bandas sonoras y dejaban escenas que pasaban a formar parte de la cultura popular.

Con el tiempo, ese protagonismo fue disminuyendo con la llegada de las franquicias, los universos cinematográficos y el streaming transformó la manera de producir y consumir cine. Las rom-com dejaron de ser el centro de la cartelera y encontraron un nuevo espacio en las plataformas.

También cambió en la forma de contar el amor. Si en los 90 la pregunta era ¿cómo encuentro al amor de mi vida?, hoy se preguntan ¿cómo construyo una relación sana sin dejar de ser quién soy? El romance sigue vigente pero ya no es el único motor de las historias.

“10 cosas que odio de ti” tiene un lugar especial hoy en día, no solo por la nostalgia que despierta, sino porque logró algo que pocos filmes consiguen: reinterpretar un clásico sin traicionar su esencia y demostrar que las grandes historias nunca envejecen, solo encuentran nuevas maneras de ser contadas.

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