Alguien tenía que hablar. Quizá la conciencia no lo dejaba dormir en medio de una sociedad paralizada. El saber que sus hijos de 5 y 7 años la esperaban y extrañaban. Un cuerpo que gritaba que lo encontraran. Otro femicidio en medio del silencio de la pandemia. Otra mujer que durante días fue buscada.

Desde el viernes 3 de abril, Camila Tarocco no llegaba a su casa. Su familia la buscaba y la policía rastrillaba para dar con su paradero. La última persona que la vio fue su amiga y luego se la tragó la tierra. Por las redes sociales surgieron cadenas pidiendo ayuda, no paraban de publicar su fotos y muchos comentarios juzgaban a la joven, pero nadie mencionaba la tragedia que se avecinaba. Su expareja y padre de sus hijos, Alex González, decía que la había visto por última vez en el departamento que alquilaba la chica en el barrio Cascallares del partido de Moreno, donde durmió con su víctima. Su última conexión de WhatsApp fue a las 23:19 horas del viernes 3. Un testigo asegura que Camila había denunciado por violencia a su expareja, que tenía la tenencia de uno de sus hijos, y aún esperaba por el juicio. Un juicio que llegaría más tarde que la muerte.

El hallazgo del cuerpo sin vida de la mujer de 26 años se produjo durante la noche de este martes 14 de abril. Estaba semienterrada en los fondos de un campo ubicado sobre la Avenida Monsegur y San Cayetano. Parecía que a la mujer la misma tierra la expulsaba para que su cuerpo contara lo que había sucedido. La clave en la primera identificación serían los tatuajes que tenía.

En las últimas horas se habría producido un testimonio que brindó la clave para avanzar en la pesquisa. Se trata de una persona vinculada al entorno de Ariel González, ex de Camila Tarocco. La doctora Luisa Pontecorvo, a cargo de la UFI Nº3 del Departamento Judicial de Moreno y General Rodríguez, espera que antes del mediodía esté el informe preliminar de la necropsia. Trascendió que el próximo jueves González sería indagado, ya como imputado, por el delito de “Homicidio agravado por ser perpetrado por un hombre y mediar violencia de género”. La pena es de prisión perpetua.

El ex de la víctima ya arrastraba una prisión domiciliaria por un delito de las mismas características contra otra mujer y que instruye la UFI Nº9 del Departamento Judicial de Moreno y General Rodríguez.

El martes 7 de abril, ya con la denuncia de desaparición de persona en plena instrucción hecha por su familia, Pontecorvo (titular de la UFI Nº3) dispuso que tanto González como el actual novio de Camila, un joven que era vecino del barrio y que presta servicios en la Fuerza Aérea Argentina como soldado voluntario, fueran arrestados. Luego de las declaraciones, la doctora Pontecorvo dispuso liberar al novio y pedir al Juzgado de Garantías en turno la detención de González. Los argumentos de la fiscal fueron “falso testimonio”, al encontrar inconsistencias entre sus dichos y los elementos probatorios que figuran en la causa y por “desobediencia”, ya que el beneficio de excarcelación al que estaba sujeto indicaba que debía permanecer en la vivienda declarada, que era la de sus padres. No podía deambular por la calle.

González habría declarado que en la noche del viernes, luego de cenar y que Camila acompañara a su amiga hasta su casa, se acostaron a dormir. Se habrían levantado temprano y en su moto, junto con su hijo, la habría llevado a Camila hasta la parada del colectivo ubicada a unas 20 cuadras de su casa, cerca de las 6 de la mañana.

Este fue uno de los primeros interrogantes que hizo caer en la mentira al verdugo. ¿Teniendo la posibilidad de tomar el transporte público a pocos metros de la casa, ¿por qué la llevó hasta ese lugar? ¿Ya que había hecho ese viaje, por qué no la alcanzó hasta el centro de Moreno, distante a unas 15 cuadras? ¿En moto, con la criatura de 5 años, en plena madrugada? Son cuestiones que a los investigadores no les cierran y que encendieron las primeras alarmas. Además, fuentes policiales habían reconstruido por personal de la Dirección Departamental de Investigaciones (DDI) junto a González y revisado las cámaras de seguridad privadas que encontraron en dicho camino. Ninguna habría captado el paso de la moto en el horario señalado por el sospechoso.

El desenlace de la búsqueda sería el peor imaginado. El predio donde encontraron el cuerpo de Camila se ubica a unas cinco cuadras de la casa de la familia del verdugo, su expareja y padre de sus hijos.

La pandemia aísla a víctimas y victimarios entre las mismas paredes. Si de cifras se trata podemos decir que, del 20 al 26 de marzo, hubo un 60% más de llamados al 144. Según los datos del Ministerio Público Fiscal en Buenos Aires, desde el 20 de marzo hubo 279 denuncias por violencia de género y, con el de Camila, 15 femicidios durante la cuarentena.

Esta vez Camila no alcanzó a usar el código del «barbijo rojo». No llegó a ninguna farmacia barrial o de confianza porque su agresor era quien la llevaba.