Dentro de la programación del 34° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata encontramos dos selecciones tituladas “Generación VHS presenta: ¡Blaxploitation!” y “Generación VHS presenta: ‘El exorcista'”.

Charlamos con el programador Pablo Conde, quien nos contó más sobre cómo surgió esta sección que, en una actualidad que corre tras lo que viene, nos propone detenernos a revisar y repensar filmes de hace años.

“Es una sección que está en el festival hace unos años pero su génesis es previa: en el MALBA, Fernando Martín Peña nos invitó a programar a Marcelo Alderete y a mí y, buscando un poco en las posibilidades, surgió la idea de programar una retrospectiva con este nombre. Creemos fuertemente que el VHS es el formato que democratizó el cine y que permitió acercarnos de otra forma a la cinefilia, donde podían coexistir el cine de autor profundo con el último entretenimiento hollywoodense o cualquier otra cosa. Al poder elegir y mezclar uno mismo, la cinefilia creció enormemente y permitió tener un rango más amplio de las formas de ver y entender el cine. Recuperamos esa idea para el festival aunque fue mutando. En el festival, la sección se volcó más a buscar películas que fueron exitosas o que marcaron una huella, sobre todo dejando cierta impronta de culto”.

Generación VHS presenta: ¡Blaxploitation!

La presencia de obras que representan un rol contracultural llama poderosamente la atención como hecho simbólico, “la contracultura es muy importante para entender la cultura. Por eso la idea de esta sección es hacer esta búsqueda, hoy en día no existe el cine contracultural. Sí, por supuesto, hay cosas menos conocidas pero no tienen el tinte político que sí tenían muchas de las películas que sí formaron parte de una verdadera contracultura. Recuperar esa mirada nos parece muy importante”, expresa Pablo Conde y añade que “no es la sección que me gustaría, la ideal tendría diez títulos pero es un exceso en todo sentido. La realidad nos permitió solamente programar tres y la posibilidad de programar títulos como los que elegimos nos parecía suficiente para hacer de eso algo que dialogue entre sí”.

“Sweet Sweetback’s Baadasssss Song” de Melvin Van Peebles (Estados Unidos)

Considerada por muchos como la que inició la corriente blaxploitation, la tercera película de Melvin Van Peebles se convirtió también en una de las producciones independientes más rentables de la historia hasta su momento, habiéndose estrenado únicamente en dos salas. Nadie en Hollywood quería financiar un proyecto cuya crew fuera de raza negra, así que Van Peebles se puso al hombro un film de guerrilla con la estructura de una porno (actores no sindicados, filmar sin permisos), la escribió, la editó, la dirigió y la produjo. La historia de Sweetback, un héroe de la comunidad negra que está en fuga luego de haber matado a dos policías, es un viaje arrollador que toca varios géneros y exhibe una impactante libertad formal (al borde de la psicodelia) y unas ganas imparables de jugar con las herramientas del cine.

“Dolemite” de D’Urville Martin (Estados Unidos)

Establecidos ya los códigos y las características del blaxploitation como nuevo género, ahora quedaba llevarlo a un nuevo escalón. Así entra en escena Rudy Ray Moore, cantante de r&b de fines de los años 60′, quien también empezaba a incursionar en el terreno del stand up (su manera de frasear antecedió lo que luego sería el rap) bajo el nombre de Dolemite. Tanto trascendió que su figura llegó a la gran pantalla, en la historia de un proxeneta que domina como pocos las artes marciales. Hay en esas escenas de acción motorizadas con ese cuerpo improbable de antihéroe un rasgo cómico que pone a Dolemite en un lugar de placer inmediato, entre lo insólito de su derrotero (el personaje entra y sale de la cárcel por distintos motivos), la extravagancia de su estilo y ese halo de film de culto que la coloca en un lugar especial.

“The Muthers” de Cirio H. Santiago (Filipinas)

Desde mediados de los años 70′, algunas pequeñas productoras norteamericanas vieron en la costa filipina un terreno fértil para explotar (en cualquier sentido de la palabra) con el objetivo de abaratar los costos de sus producciones. Esto desembocó en un grupo grande de películas (muchas similares entre sí), hechas en tiempo récord, que ampliaron el concepto de exploitation a límites alucinantes. Uno de los directores que aprovecharon el momento fue Cirio H. Santiago, y “The Muthers” es una de sus criaturas, concebida a gusto de un público que fue a buscar lo que se le prometía: una buena dosis de acción en escenarios exóticos, mujeres negras voluptuosas y vengadoras, blancos malvados, violencia, sangre muy roja, extras que corren de un lado para el otro, algo de erotismo y mucha pero mucha diversión.

Generación VHS presenta: “El exorcista”

“En cuanto a esta sección la idea fue al revés… nos cruzamos con ‘Leap of Faith’, que es un documental increíble en el que William Friedkin habla durante casi dos horas sobre lo que significó ‘El Exorcista’ y todos los detalles escabrosos, la búsqueda autoral y cómo buscó construir una película de terror que superara al género para volverse, a partir de eso, uno de los referentes ineludibles. No nos quedó ninguna duda de que era una película a incluir. Y si ponemos una película que habla de otra por qué no poner a la homenajeada, y a la hora de programar (como todo festival de cine que entiende que desde la dirección es de donde muchas veces los proyectos parten y hacia dónde llegan) no podíamos evitar elegir la posibilidad de proyectar la versión del director, así que terminó haciéndose un ‘mini foco’ a partir de la presencia de este documental, que es un estreno casi total que solo se había exhibido en el Festival de Venecia y lo capitalizamos instantáneamente, porque nos pareció que era algo verdaderamente importante”, nos cuenta Pablo Conde.

“El exorcista” (corte del director) de William Friedkin (Estados Unidos)

Buena parte de la cinefilia, ante un clásico canónico indiscutible, tiende a decir “no es para tanto” o “ese director tiene películas mucho mejores”. Imposible decir eso acerca de “El exorcista”, una película que 46 años después de su estreno permanece intacta, imperturbable, tan fascinantemente endemoniada como en el momento en que se lanzó, y que contiene varias de las mejores escenas de la historia del cine. La obra maestra de William Friedkin es una lección de climas, una película incómoda e inmersiva que guarda sus momentos más aterradores no para las cuestiones sobrenaturales sino para las más mundanas: sigue siendo mucho más angustiante, mucho más macabro el momento en que a la pobre Regan le hacen una batería de análisis para averiguar qué le sucede que todo el vómito verde del mundo.

“Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist” de Alexandre O. Philippe (Estados Unidos, España)

Tal como lo hizo con la escena de la ducha en “Psicosis”, el fandom alrededor de George Lucas o los orígenes de “Alien”, Alexandre O. Philippe se mete esta vez con otro de los sucesos cinematográficos más poderosos: “El exorcista” de William Friedkin. El plan es simple: con solo sentar al mítico director para que se explaye sobre su criatura más perfecta, consigue una exposición genial sobre el cine en toda su dimensión. Friedkin recorre varios tópicos, desde la influencia de Carl T. Dreyer hasta la música de Stravinsky, los conceptos de Fritz Lang, los pintores que lo inspiraron, la importancia del uso del sonido e, incluso, la increíble historia detrás de la voz demoníaca. También sorprende con revelaciones sobre técnicas polémicas para inspirar a sus actores y sobre lo que pasó con Bernard Herrmann y Lalo Schifrin, entre docenas de anécdotas. Una clase maestra.

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