Talento, sabiduría y bancarse al establishment musical son algunas de las fortalezas que los hermanos Kiszka ganaron en estos años tan difíciles para el rock en todo el mundo. ¿Cómo puede una banda trascender de ser una simple agrupación para festivales hacia algo legendario? Siendo fieles a sí mismos, hasta las últimas consecuencias, sin dudas.

Podemos garantizar ciertamente que las críticas que les acontecieron, malas por su fácil comparación a Led Zeppelin tanto como buenas, hablando de lo talentoso de estos jóvenes de Michigan, fueron altamente escuchadas y los chicos supieron hacerse fuertes en las adversidades, entrar al estudio y hacer lo que podemos escuchar a lo largo del disco. Temas de larga duración con microclimas cual estilo de la vieja guardia. ¿Se animarán las radios y las emisoras de televisión a pasar un single de 5 o 6 minutos?

Disfrute, concentración y libertad es lo que se oye desde el primero hasta el último tema de su tercer disco, «The Battle at Garden´s Gate». El mismo es un trabajo conceptual, que mantiene la sensación de lo épico. ¿Queremos que Josh Kiszka deje su estilo tan particular de cantar, por más que lo relacionemos a Robert Plant? Se puede ver una destreza increíble en la voz con niveles líricos complejos y podemos encontrarlo en baladas como en las canciones más pesadas.

El disco es un viaje, en el que bien podemos armarnos, subirnos al caballo y tirar el anillo en el Monte del Destino. Grandilocuencia en su perfecta medida, orquesta incluida.

A diferencia de los trabajos anteriores, Greta Van Fleet le dio más rienda suelta en el protagonismo a Jake Kiszka, donde la base rítmica funciona como soporte de esa libertad que se le da a la guitarra líder, con solos poderosos, un sonido que le da a cada canción la épica que culmina con la voz de Josh.

Finalmente, podemos concluir que, con lo que los mortales le piden a la banda, esta lo devuelve con algo a su altura. Llegó un disco que marcará una época. ¿Les darán una oportunidad?