De la mano de su nuevo disco «Crosseyed Heart», nos zambullimos en el contexto del primer trabajo solista de Keith Richards.

Hace poco más de un mes y después de más de 20 años, Keith Richards volvió a sacar un disco solista, el tercero en su extensa y exitosa carrera. Se llama «Crosseyed Heart» y es una obra maestra y perfecta desde donde la mires. Reúne todos los climas en los que supo sentirse cómodo durante su vida y los toca de maravillas. Este álbum y sus temas promocionales se pueden escuchar en casi todas las radios y en las principales revistas de música podés encontrar reseñas y críticas positivas. Por estos motivos, mejor vayamos hacia finales de la década del 80 para adentrarnos y contextualizar con «Talk is Cheap», el primer trabajo de Keith por fuera de los míticos The Rolling Stones.

Hay una verdad de la que es fundamental partir: The Rolling Stones es mucho más que Keith Richards y Mick Jagger, pero al mismo tiempo Keith es mucho más que esta banda. En 1988 la dupla Jagger-Richards estaba desgastadísima y el cantante estaba enfocado en su carrera personal, mientras que el guitarrista se encontraba con sus ganas naturales de vivir para, por y en las raíces del rock’n’roll. Tras la publicación en 1986 por parte de los Rolling Stones del álbum «Dirty Work», Keith encontró en el baterista Steve Jordan una conexión fundamental para lograr un disco que, como el mismo Richards, conversa desde un principio con lo más puro de este género desde el lugar de sobrevivientes, tanto de la década de 1970 como de los 80’s.

El rock en Keith Richards todavía sigue puro y en esencia, tanto en los temas de los Rolling Stones que él canta como en los tres discos solistas que hizo a lo largo de su carrera. Es en su voz y su guitarra donde se depositaron durante álbumes y giras la esperanza de lo que la banda llegó a ser en los 70′, cuando el rythm and blues corría por las venas de sus riffs y todo el rock pasaba, literalmente, por su cuerpo. Este mismo ser decidió, a partir de conocer al baterista Steve Jordan (con quien participaron en 1985 de la banda de Chuck Berry en su homenaje), que como no había futuro cercano para los Stones era la ocasión ideal para armar su propia banda, sacar un disco y salir de gira. Keith Richards and The X-Pensive Winos fue la plataforma para que «Talk is Cheap» saliera al mercado, con excelentes críticas, y así demostrar por qué tenía el poder que tenía.

La relación entre Steve Jordan y Keith Richards merece un párrafo aparte. Fue a partir de «Hail Hail Rock’n’Roll», el show homenaje a Chuck Berry en 1986, que comenzaron una conexión que llega hasta el día de hoy. Jordan, baterista, había participado en el disco de The Rolling Stones «Dirty Work» debido a los problemas originados por abuso de drogas que en ese momento atravesaba Charlie Watts. Entre ambos produjeron los tres discos solistas de Keith y casi todos los temas están firmados por ambos. En el documental «Under the Influence» que salió al mismo tiempo que «Crosseyed Heart» se puede observar cómo por segunda vez en su vida Keith pudo encontrar un socio ideal para su arte.

Para el año 1988 Richards ya había logrado despegarse de la heroína y este periodo rondaba casi una década. Seguía con sus vicios pero no consideraba nada tan adictivo como el polvo marrón. Cocaína y whisky parecían ser simples compañeras de momentos después de haber tenido que, durante los 70′, hacerse transfusiones de sangre en varias ocasiones por la cantidad del derivado del opio que corría por sus venas. Hay un lindo y curioso paralelismo con «Crosseyed Heart» con respecto a la relación de Keith con las drogas y sus álbumes. Así como con el disco «Talk is Cheap» ya había pasado casi una década desde que se había alejado de la heroína, con el actual «Crosseyed Heart» ya se aproxima a casi la misma cantidad de tiempo desde que, a raíz de una caída desde un árbol durante el rodaje de «Piratas del Caribe», Richards dejó la cocaína.

«Talk is Cheap» contiene temas rockeros que son, claramente, de la cepa de Keith. Con hits como «Take it so Hard», en el que podemos distinguir ese ritmo clásico del guitarrista, también nos permite disfrutar de esas clásicas y muy suyas baladas profundas, de voz quebrada y con enorme valor sentimental como «Locked Away». Pero, principalmente, nos deja la sensación de que por más que tuvo infinitos golpes durante su vida (incluyendo la muerte de una hija), Keith Richards siempre pudo salir a flote para seguir haciendo lo que más le gusta: rock.