Hace tiempo que mucha gente me pide que hable sobre el Complejo de Hybris, ya que saben que me encanta la mitología griega, llena de significados y simbolismos referidos a las conductas humanas. Hybris es un término griego que proviene de la palabra “ebrio” y se refiere a la violencia de un delirio o al estar borracho de poder.
moriasPara poder hablar de Hybris, primero tenemos que recordar quiénes eran las tres Moiras. Ellas eran una trimurti de mujeres que representaban al destino en toda la fase que este comprende: el pasado, el presente y el futuro. Las tres sostenían un hilo, que es el de la vida de cada mortal y ellas en sus manos tomaban la porción que a cada humano le correspondía, cada una de ellas no podía meterse en el hilo de la otra. Quien sostenía el del pasado, jamás se involucraba con el hilo del futuro y quien sostenía la tijera era la única que podía cortarlo porque había leído en esa secuencia, tejido por el mismo mortal, cuándo era el tiempo de partir.
Es decir, los humanos a través de nuestras decisiones tejemos el destino que nos corresponde, ese es nuestro libre albedrio, ahí esta nuestra libertad. Ni siquiera las Moiras, deidades fundamentales cósmicas superiores a los dioses olímpicos, pueden tomar parte de ese destino y desvirtuarlo o cambiarlo. O sea, decían los filósofos griegos (muy sabiamente) que aquel que quisiera tomar “más” de la parte que le correspondiese en su vida, se encontraría en algún momento con Némesis (la justicia retributiva), en otras palabras, con el karma.
Nemesis y ZeusAhora, entonces la pregunta es: ¿creemos por ventura que teniendo a tres deidades como custodias del destino podemos tomar más de lo que nos corresponde? La desmesura, y acá comienza el Complejo de Hybris, se paga muy caro porque no te estás metiendo con un Dios, que hacer eso ya comporta un grado de locura, sino que estás queriendo violar una acción cósmica que ni los dioses pueden transgredir. Las Moiras no estaban bajo la regencia de nadie, tal es así que Zeus les tenía pánico.
Némesis, como ley retributiva, a través de su acción te pone en el lugar correcto dentro del universo y te indica en los primeros momentos de este complejo qué se le hace carne, generalmente a personas con poder, no solo gobernantes. También a aquellos que tienen el complejo de Dios como los científicos, que la desmesura  y el querer esa parte del destino los puede llevar a la locura.
¿Por qué la locura?
Porque los dioses, que saben más que nosotros, nunca desean para el humano la tragedia, la miseria, ni el dolor. Es muy probable que un Hombre sí pueda desear eso para otro, pero no los dioses. La mejor forma de protección para la vida de ese hombre es el olvido de todo, que hoy conocemos como locura.
Las razas
atlantida1Hace miles y miles de años hubieron razas en la Tierra que desaparecieron justamente por el comienzo de este complejo, la última que nosotros conocemos fue la Atlántida (del cual Platón hace referencia en su libro “El timeo”). Los científicos de esa época, superiores en mente a lo que hoy conocemos como científicos, quisieron lograr en el mundo una primavera eterna corrigiendo el eje terrestre y, por ese acto, surgió la gran inundación que dejó al continente debajo de la tierra. En definitiva, dice Platón que los dioses decidieron castigar a los soberanos de los dominios de los Atlantes por su soberbia y las ansias de dominación de las leyes naturales de un planeta.
Por lo tanto, todos aquellos que padecen este complejo siempre están relacionados con aquella porción que quieren tomar y no les corresponde, con el exceso de confianza y el exceso de poder por no saber cuál es su lugar dentro del universo. Si hoy esa persona, sea quien sea, tiene la posibilidad de tener un cargo de poder, debe saber que hay fuerzas superiores que ponen en equilibrio todo el sistema planetario para que, justamente, nadie con delirios de dioses toque un botón y colapse todo.
Los hombres o mujeres con cargos públicos deben ser servidores mundiales y lo primero que deben registrar, más que sus bienes personales, deben tener una ficha con sus bienes morales y preguntarse:
delirio¿Cuánto de vanidad poseo?
¿Soy un ser intolerante?
¿Permito que los más íntimos me digan la verdad?
¿Hago un análisis mensual de mi accionar en este cargo público que es prestado por la vida?
Si crees ser un ganador, definime esa expresión, ¿no la estarás confundiendo con otra palabra?
¿Sé escuchar?
¿Admitís equivocaciones?
¿Te crees destinado a grandes cosas? Si es así, ¿cultivás la humildad para equilibrar esa confianza?
¿Tenés una mente flexible o te manejás por dogmas?
Y una de las más importantes porque no llegamos solos a esos puestos de poder, ¿quiénes son tus amigos? ¿Los escuchás, los cultivás o los usás?
NarcisismoEs muy importante hacerse estas preguntas, porque el Complejo de Hybris comienza activando males psicológicos peores que uno cree no tener, que son la paranoia y el narcisismo. La paranoia encuentra enemigos donde no los hay y el narcisismo (que es un espejo distorsionado de una imagen que no tengo) me hace creer lo que no soy. De ahí que es tan importante escuchar y no traducir.
Las personas que llegan a cargos de poder son las que más van a sufrir estos trastornos, porque así como se amplifican sus círculos de llegada, así se amplifican sus complejos. Por eso yo recomendaría que a todos los que llegan a la cima, sean quienes sean, contraten una persona de confianza que todos los días le repita al oído: “Recuerda que eres un hombre, no un dios”.