Luego de su ópera prima «Muerte en Buenos Aires» (2014), la directora Natalia Meta estrenó en salas argentinas su segunda película en cines de Argentina tras el paso por la Competencia Oficial del Festival Internacional de Berlín. Transitando los últimos meses del año, «El Prófugo» se perfila como una de las producciones destacadas de nuestro país durante 2021 y, por este motivo, conversamos con ella para conocer los detalles detrás de escena.

Entre la opacidad y la transparencia

Una de las características de esta película es la cintura con la que se maneja entre la opacidad y la transparencia del relato. «El eje del mecanismo narrativo era que nunca se pudiera saber con certeza si el personaje de Inés estaba fantaseando o si las cosas ocurrían realmente, y que tampoco hubiera demasiadas certezas generales. No queríamos que fuera confuso sino que fuera difícil de discernir, porque nos parece que en esa incertidumbre estamos inmersos todos», nos cuenta Natalia y, además, agrega sobre las formas de llevarlo adelante que «eso es algo que se transmite en un montón de detalles y en la puesta en escena. Es una cuestión de dosificar cada momento y tratar de no cerrar, puede ser que hacia el final en algunos aspectos se vaya materializando algo pero es sobre el deseo de la protagonista».

Creación colectiva

Sobre la conformación del equipo, Natalia nos cuenta que «el ADN del cine es la creación colectiva y el trabajo del director es elegir el elenco y el equipo técnico. En el sonido elegí a Guido Berenblum («La ciénaga», «Zama») porque era la persona que se obsesionaba con las mismas cosas particulares que necesitaba la película: trabajamos mucho con la voz, la duplicación, los ecos, trabajamos muchísimo con los sonidos del órgano, lo mismo con Luciano Azzigotti, que compuso la música».

«Para la fotografía, Bárbara Álvarez («La mujer sin cabeza», «Whisky») fue por una sugerencia de Érica Rivas de tener una directora de Fotografía mujer para poder tener una mirada femenina, porque esa era la idea de la película. Bárbara tiene algo misterioso en su fotografía porque uno no sabe la particularidad que tiene, pero hay algo singular en cada encuadre y en la luz. Lo mismo con Ailí Chen, la directora de Arte («Los sonámbulos», «La luz incidente»), tiene una mirada que afina el misterio».

Además, nos agregó numerosos equipos específicos que trabajaron en los detalles, como los coach de doblaje y personas que trabajaron sobre la gestualidad junto con el elenco, cosas que dan cuenta de la magnitud de la producción.

Transposición de «El mal menor»

«Leí la novela a raíz de un comentario de Luis Chitarroni, que además era amigo de Charlie Feiling, el autor, y me pareció una novela terrorífica, truculenta, gore y no me pareció que yo podía hacer eso. Además, es una novela que empieza con mucho humor y se va oscureciendo y eso no coincidía con mi mirada sobre qué significa que los sueños se hagan realidad o de estas fugas de los elementos oníricos a la realidad. Lo que hice, finalmente, fue extraer esa pregunta que se plantea en algún momento en la novela sobre lo que sucede cuando un personaje de los sueños encarna en la realidad, yo me pregunté si eso era siempre una amenaza o si, en realidad, teníamos que dejar de tener miedo de esas cosas y pensar que quizás representaban a nuestros deseos.»

Efectos especiales

En tiempos cinematográficos en los que se digitaliza hasta lo menos necesario, «El prófugo» transmite una hechura artesanal y, sobre esto, también pudimos preguntarle a Natalia: «Leandro Pugliese de Wanka, la productora que se encargó de los efectos especiales, es un genio. Logramos hacer muchas cosas que yo no esperaba poder hacer, sobre todo lo que se ve al final y cosas que hubo que mejorar a lo largo de la película, como que los murciélagos no volaran para el lado que queríamos y demás, me costó mucho animarme a incluir efectos especiales pero se logró que fueran muy orgánicos».

La presencia femenina

El equipo de actrices y las cabezas de equipo por mujeres nos motivan a consultar si es algo que fluyó de forma orgánica o se impuso desde una militancia más consciente. «Incluir a Érica fue abrirse a un gran aprendizaje para mí sobre feminismo, en ese sentido estoy agradecidísima. Tuve en cuenta lo que está pasando con las mujeres y me pareció importante que hubiera muchas mujeres en el equipo, pero las elegimos por su talento, no lo hubiéramos hecho si no pensáramos que estaban a la altura, fue maravilloso porque eran las personas indicadas», detalla Natalia.

Al respecto de las referencias, la directora expresa que «fueron muchas, pensé en David Lynch específicamente en ‘Mulholland Drive’, también mucho en Leonardo Favio, en ‘Dos disparos’ de Martín Rejtman, ‘Cantando bajo la lluvia’ y ‘Berberian sound studio’ de Peter Strickland fue una buena referencia».

De «Muerte en Buenos Aires» hasta acá

En el año 2014, Natalia Meta estrenó su ópera prima y podemos notar que pasó un tiempo considerable hasta esta nueva obra. «Hacer una película es una experiencia transformadora, así que de la primera aprendí, esa fue mi formación con todos los errores que eso implica, aprendí mucho de la crítica. Es bastante evidente, pero cuando aparecen críticas que no son favorables cuesta pero se aprende y yo estoy agradecida en el tiempo. El cine es un lugar donde lo que más vale es el trabajo, es difícil encontrar respuestas y uno puede valerse de la teoría pero después es una cuestión de pensar, probar y trabajar en equipo».

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