“Avisá cuando llegues», «no hables con extraños” o “no aceptes bebidas de desconocidos” son algunas de las recomendaciones a las cuales estamos habituadas las mujeres desde el momento en que comenzamos a transitar ámbitos ajenos al hogar.

En enero de 2021, uno de esos miedos sobre los que nos advierten desde niñas, lamentablemente se materializó para una joven venezolana, al asistir a una entrevista laboral y encontrarse con Irineo Humberto Garzón Martínez, actual imputado por violación.

Dicha joven (preservaremos su identidad), quien tenía 18 años al momento de los hechos, relata que accedió a quedarse aquel sábado a “modo de prueba” en un local del barrio de Once y señala la insistencia con la que Garzón le ofrecía un vaso de agua que ella, finalmente, terminó por aceptar. Al beberlo se sintió mareada, por lo cual se comunicó enseguida con su hermana para avisarle.

De inmediato, la familia se comunicó con la policía, pero no llegaron a tiempo, ya que tras irrumpir por la fuerza en el local, la encontraron semidesnuda y bajo el efecto de psicotrópicos, junto al empleador que pretendía vestirla.

A poco más de un año de estos hechos, accedimos a la palabra de Pablo Baqué, abogado de la víctima, que nos comenta que el caso va a juicio oral en el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°18 de Capital Federal, cuyas audiencias posiblemente se definan al finalizar la feria judicial. “Hay pericias que son contundentes, por ejemplo, las realizadas en la ropa, las médicas, que constatan las lesiones y dan cuenta de la calificación que nosotros pedimos que es abuso sexual agravado con acceso carnal”, afirma el abogado.

Por su parte, Irineo Garzón se encuentra en prisión preventiva a la espera del juicio. Cabe destacar que, durante estos meses, surgieron testimonios de otras personas que acusan al comerciante de intentos de privación ilegal de la libertad pero que no prosperaron a una situación de tanta gravedad, como lo acontecido en el local de Once. No obstante, estas declaraciones fueron recopiladas por La Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) y constan en el expediente.

La defensa se valió de diversas estrategias para plantear todas las nulidades posibles, solicitando pruebas inconducentes que, en su mayoría, fueron denegadas. “La defensa se mueve en torno a situaciones ilógicas, por ejemplo, pidieron la prueba de cuánto tarda la persiana en cerrar para buscar probar que ella tuvo tiempo de salir corriendo, cuando en realidad la chica no sabía lo que pasaba cuando Garzón decidió cerrar el negocio. La defensa entiende que ella habría tenido que salir corriendo”, nos cuenta Baqué.

Este tipo de argumentos no solo contrastan con la evidencia científica sino que, además, incurren en la revictimización a las que son sometidas las mujeres en este tipo de procesos judiciales, lo cual es moneda corriente y, en definitiva, termina en muchos casos por obstaculizar las denuncias por violencia de género.

El abogado nos comenta: “Se hizo todo lo posible por agraviar a la víctima, por tratar de probar diferentes relatos que son inventados, por ejemplo, trató de probar que, en principio, hubo una relación de prostitución, luego dijo que hubo una relación amorosa. Después habló de un interés económico de parte de la víctima y su familia. Estos argumentos seguramente los vamos a seguir escuchando en las audiencias”.

Actualmente, la joven que a los pocos meses del abuso, además, debió enfrentar la muerte de su padre (sufrió un ACV en enero de 2021), se encuentra recomponiendo su vida, comenzó a estudiar. No obstante, las secuelas están presentes, nos relata que en algunas ocasiones revive esa situación y se encuentra bajo tratamiento psicológico.

El accionar de Irineo Garzón nos deja una sensación de desprotección e impunidad, no se trata de un caso aislado. Exigimos justicia.

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