gogobordelloAnoche estuve en Groove, quizás el mejor lugar que existe hoy en Buenos Aires para vivir un recital de rock: tamaño justo (ni muy grande ni una caja de zapatos), la cercanía del público con la banda, la barra accesible, el sonido arrollador y la organización cronometrada (esta vez a cargo de la productora independiente Rock y Reggae) hacen un gran combo que nos costó años, sudor y lágrimas acostumbrarnos. La previa estuvo a cargo de Asesinos Cereales, un grupo ska-punk movedizo y con buen sonido, que ayudó para que el público canalizara un poco la energía contenida por la expectativa generada por esta tercera visita de Gogol Bordello, que presentan su nuevo disco “Pura Vida Conspiracy” sacado hace casi dos meses.
El tercer tema que sonó en el recital fue “Carnavalito”, cantado por el percusionista ecuatoriano Pedro Erazo, y el último fue “Redemption Song” entonado por Johnny Cash y cantado a coro por todos. Decidí empezar así la crónica para transmitir la magnitud transcultural que alcanza esta banda formada por un ucraniano, un ruso, un bielorruso, dos estadounidenses, una escocesa, un etíope y Pedro, de Ecuador. El estilo de GB es “gipsy punk”: una mezcla de Kusturica con The Clash, Manu Chao, The Ramones e Iggy Pop, y la visual que transmiten desde el escenario se podría resumir en una película escrita por los hermanos Coen y filmada en Europa del Este por el mismo Emir Kusturica. Un caos de sonido y color, con mucho corazón y sin ahorrar una gota de energía.
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Gogol Bordello nació en New York en 1999, quizás el mejor contexto para una fusión como la que muestra esta banda. La particularidad del grupo es el origen de los integrantes: son todos hijos o descendientes de inmigrantes tercermundistas, y su bajada tiene dos conceptos fundamentales: primero, vivimos en un mundo con fronteras hechas por el hombre y segundo es que el hombre muchas veces está equivocado. Desde acá le cantan a la discriminación, la liberación, fiesta y excesos, a la “inmigraniada” y al amor a la vida, desde una música por momentos arrolladora, que tiene de fondo un aire circense y gitano, con una gran dupla de violín y acordeón que son el colchón ideal donde descansa el alma de GB: Eugene Hutz, líder y guía espiritual de la banda.

Foto: Kiken Flickr
Foto: Kiken Flickr
Esta fue la tercera oportunidad de la banda en Argentina, habiendo sonado solo media hora en un Personal Fest (año 2009) y luego, también en un gran show, en Groove (2012). Tuve la suerte de estar en ambos recitales y puedo decir que el único cambio que noté ayer fue en la lista de temas con las canciones del disco nuevo. O sea, la energía, el sonido descomunal, la interacción con el público y los pogos interminables siguen siendo los mismos, e inclusive mejores, por la fidelización de un público que sigue a la banda desde ya hace varios años.
La lista de temas fue un surfeo de la discografía: no faltaron hits como “Start wearing purple”, “Wonderlast king”, “Sally”, “Pala Tute”, “Supertheory of Supereverything” y “Not a crime”. También se lucieron canciones nuevas como “Lost innocent world”, “The other side of the rainbow” y “Malandrino”. En medio del recital hubo un set de cumbia al ritmo de acordeón, violín, guitarra eléctrica y percusión, que explotó en un pogo infinito cuando lo engancharon con “Ultimate”, uno de esos himnos al descontrol que tiene la banda.
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El cierre estuvo a cargo de “Mishto” y “Undestructable”, como no podía ser de otra forma, y luego de que la banda saludara, Eugene se quedó solo improvisando una versión de “Alcohol” con su guitarra desgarrada, al que luego se le sumaron Sergey Ryabtsev (violinista ruso de 55 años, canoso y de pelo largo) y Pasha Newmer (32 años, de Bielorrusia y nuevo acordeonista desde 2012).
Como contaba al principio, cuando terminaron de tocar empezó a sonar “Redemption Song” interpretada por Johnny Cash, y fue toda una declaración de valores: la variedad es interminable en el mundo de Gogol Bordello.
En resumen, el recital duró poco más de 2 horas, pero los que estuvimos ahí todavía seguimos saltando.

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