No son noticia. No venden. No les importa a nadie. Pero hay algo peor: son discriminados. Para el «blanco» representan lo peor de nuestra sociedad civilizada, ese pasado que todos quieren olvidar, ese error genético o cultural (lo mismo da en la descripción) que las campañas del general Roca no supieron o no pudieron desterrar. Pero durante un rato, unos días, fueron apenas un separador en los noticieros, entre los hechos «que importan» a los argentinos. Se trata de los qom, una comunidad originaria reconocida oficialmente y que alguna vez denominamos sencillamente como tobas.
El ultraje a los protectores y trabajadores de nuestras tierras desde siglos antes que pisen el continente nuestros antepasados europeos (tal es mi caso) no deja de sorprender, y lo ocurrido días atrás en un pueblito chaqueño, perdido en el norte argentino, conmueve y estremece, en el orden que quieras. «Los accidentes ocurren», dice una trillada frase que no casualmente está relacionada con la amenaza y el consecuente suceso, la tragedia sin testigos, sin sospechosos, sin nada. «Sin nada». Esa es una muy buena descripción de lo que les queda a estas culturas.

Padres de Imer Flores
Padres de Imer Flores
Sin nada también se quedó la familia de Imer Flores, el chaqueño de 12 años que fue molido a palos hasta quedar desfigurado y tirado por ahí, en el río, quién sabe, a quién le importa. Pero a Edilberto Pérez, presidente del Movimiento Qom Voque Maqocta, sí. A él y a muchas familias más de esas olvidadas por los libros de historia, que limpian culpas al creer que una inclusión en el mapa alcanza para rendirle homenaje a nuestros pueblos originarios.
Quién mejor que Pérez para contar lo que pasó. «El asesinato de Imer Flores no es el primer crimen contra los qom en el lugar. A Alberto Galván le dispararon, lo mutilaron y lo arrojaron al río para que lo coman las pirañas, pero los acusados y la policía dicen que se ahogó solito, intentando escapar después de robar una billetera. A Alberto Montenegro lo ahorcaron en el monte con los cordones de sus zapatillas y el único detenido salió libre al día siguiente. A Juan Aguirre lo interceptaron en la ruta cuando llevaba dinero para las cooperativas, lo mataron a golpes y se llevaron los tres mil pesos. A Claudio Alvino lo acuchillaron en una fiesta a la que sus propios asesinos lo habían invitado. A Noelia Pérez, de quince años, la violaron tres criollos y no lograron matarla, pero eso no la salvó de ser humillada por la policía y el médico cuando fue a hacer la denuncia. Aunque las víctimas siempre son las mismas, para el gobierno son delitos comunes y no crímenes de odio.»
Foto que acompaña la carta de
Foto que acompaña la carta de el Lenguaraz Pablo
Con la misma precisión en sus palabras, el intendente de Villa Río Bermejito, Lorenzo Heffner, describió la situación: «Quiero poner en conocimiento de ustedes que el municipio tiene una ordenanza que prohíbe a los menores pasear de madrugada. Este fue un hecho lamentable, pero no se puede prevenir así. No se puede esperar que una parte del país trabaje para otra parte del país, no se puede. Antes los qom eran trabajadores, ahora todo cambió. Están influidos por los piqueteros, por abogados que vienen de afuera para influir en sus cabezas. No todos son malos, como no todos los criollos son malos. Los que cortan la ruta y nos cortan la posibilidad de salir de Bermejito son una minoría. Y quedarse horas en la ruta sin poder llegar a sus casas crea enojo en los damnificados. Lo ocurrido son hechos de violencia que le pueden pasar a cualquiera, no tiene que ver con que sean aborígenes. No hay odio. Vienen abogados de la capital a enseñarles a cortar rutas, los instruyen para que se muestren ante los periodistas y los vean pobrecitos. A mí me quieren echar. Están provocando una guerra, porque va a llegar el momento en que sí puede crecer el odio y sí puede haber violencia.» Lo que tal vez ignore el mandatario es que los nenes qom no pueden ni siquiera ir a la escuela, porque son maltratados, golpeados y humillados. O quizás para que nosotros los «blancos» comprendamos de lo que hablo, tenga que referirme a «bullying».
Los qom no hablan de los suyos en pasado. Por eso cuando tienen que hablar de los que entierran lo hacen en presente. Y como todos nosotros, no conocen el futuro, pero a pesar de todo lo que les pasa, no pierden la esperanza. Porque alguna vez, las cosas cambian, y los que quedan en el camino tal vez tienen la misión de encauzar la historia que se escribe.
crimen chacoOtro detalle interesante es que todos los qom tratan a los chicos como sus hijos, todos se llaman hermanos y a todos los padres se los trata como padres. Por eso, para finalizar, es apropiado reproducir el final de la carta que el hermano Lenguaraz Pablo le envió a la Presidente.
«Llegará el tiempo en que el río no nos traiga más dolor. Llegará el color del monte a florecer nuevamente. Le escribe quien rodeado de muertes, persigue la esperanza de hacer renacer la vida. Lo más terrible se aprende enseguida, lo hermoso nos cuesta la vida.»

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