«La única opción»: todos para uno

Desde hace tiempo que el cine coreano pone el dedo en el ventilador para reflexionar sobre esta fase del capitalismo que nos toca vivir. La occidentalización de su cultura facilita la entrada de su cine en los festivales internacionales y en las carteleras comerciales. Sin embargo, a los realizadores coreanos -al igual que los de los demás países no anglosajones- se les hace muy cuesta arriba la adaptación en una industria ajena.

Podría decirse que Park Chan-wook eludió hábilmente la mano de Hollywood, tan solo hizo una película («Lazos perversos»). Es cierto que después de «La decisión de partir» en 2022 dirigió tres capítulos de la fallida serie «El simpatizante» para HBO, lo importante es que tras esa incursión televisiva finalmente llegamos a «La única opción».

Como se dijo, el cine coreano hace mella sobre las complicaciones vividas por ciertas clases sociales en un mundo de hostilidades, en apariencia, invisibles. Es fundamental señalar que el sintagma «cine coreano» es tan impreciso como decir «cine sonoro», las películas de Park Chan-wook no suelen ubicar en primer plano una problemática social sino que las motivaciones de sus protagonistas están signadas por las emociones y sentimientos individuales: no son el ejemplo de una sociedad o un caso testigo. Tampoco significa que en sus películas el contexto esté reprimido u obturado, pero sí hay un dejo de individualismo que lleva a sus personajes a un tipo de perdición, lo que sucede en «Old Boy» o en su película inmediatamente anterior «La decisión de partir», pero que, a pesar de la cercanía temporal, queda bien lejos de «La única opción».

El trabajo y sus consecuencias figuran desde el primer minuto, cuando una familia de clase media-alta disfruta de una parrillada en el jardín de su casa, una representación genérica y universal de los frutos del esfuerzo de un padre. Esa imagen de la felicidad instantánea empieza a atravesar un proceso de desvanecimiento cuando Man-su (Lee Byung-hun, el mismo de «I Saw the Devil») pierde su empleo de 25 años en una fábrica de papel, donde él cumplía un rol específico como ingeniero químico. Los primeros despojos no tardan en llegar: desde cambiarle de profesor de violín a su hija pequeña hasta regalar sus dos perros golden retriever a sus suegros. Lo más grave para él es la potencial venta de la casa, de la que guarda un profundo sentimiento familiar. Sin chances de encontrar un empleo idéntico en otra empresa, en su mente solo queda lugar para un plan: eliminar a toda la competencia de un único puesto laboral.

El drama, el nerviosismo y la angustia merodean, pero es la comedia negra la que estructura la tonalidad narrativa. Cada candidato con el que Man-su se cruza es una puerta a un perfil distinto, a pesar de que todos tienen aptitudes para ocupar el puesto laboral en juego. Es muy sencillo moldear a trabajadores despedidos como personajes de buen corazón, por lo contrario, es mucho más arriesgado proponer un costado maligno de alguien desempleado y, en favor de Park Chan-wook, Man-su es un ser horrible por el que se puede simpatizar en algunos tramos.

Las transiciones, a esta altura un rasgo del director, son más que un ornamento visual, porque mantienen una sensación de continuidad narrativa sin romper la historia, una forma elegante y sutil de tapar las elipsis. Así como el recurso del plano secuencia permite sostener un tiempo real desde el montaje, estas conexiones a partir de objetos logran que todo sea parte de un mismo mundo en un mismo hilo temporal. La maestría de Park Chan-wook está intacta, acá prueba que puede hacer una remake proveyéndole todo su arsenal que da como resultado un fresco de época y de contexto particular de su país, posiblemente, también de un mundo convulsionado.

«La única opción» estuvo dirigida por Park Chan-wook y contó con las actuaciones de Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Woo Seung Kim, Yeom Hye-ran y Cha Seung-won.