El 2021 le sonríe a Bolivia luego de meses de conflicto y enfrentamiento entre las fuerzas políticas y la comunidad de los pueblos originarios. Luego de una cierta paz que mantuvo el mandato de Evo Morales, llegó la incertidumbre y con ella el cierre de las radios que daba voz al pueblo. Hoy no solo vuelve la radio de los pueblos originarios, también vuelve Evo, el expresidente boliviano que se vio forzado a dejar el país el pasado 12 de noviembre de 2019 y puso rumbo hacia Argentina, previo paso por México, tras ser acusado de fraude electoral.

El presidente Luis Arce reabrió decenas de medios radiales pertenecientes a los pueblos originarios que habían sido clausurados durante el gobierno de facto por ser considerados como «voces sediciosas». El Sistema Nacional de Radios de los Pueblos Originarios (RPOs) confirmó la rehabilitación y su modernización, ya que también fueron saqueados y quemadas varias sedes. Las autoridades golpistas cerraron casi cien emisoras de radios comunitarias y medios afines al gobierno del expresidente Evo Morales.

Durante las últimas legislaturas se implementó un conjunto de leyes y reformas estructurales que afectan directamente la situación de las poblaciones indígenas. En particular, la Ley de Participación Popular generó oportunidades para que sectores de la sociedad civil puedan participar activamente en la definición e implementación de políticas de desarrollo.

En Bolivia, el 50% de la población vive en la pobreza, proporción que asciende a dos tercios en el caso de la población indígena bilingüe y a tres cuartas partes en el caso de la población monolingüe. Alrededor de 3 millones de personas de habla quechua y 1 millón de habla aymará viven en las serranías bolivianas, mientras que más de 300.000 personas pertenecientes a 33 etnias viven en las tierras bajas. Solo el 40% de la población boliviana es monolingüe castellana, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

El artículo primero de la Constitución Política de Bolivia reconoce la diversidad y lingüística y cultural del país, ya no como un capricho de la naturaleza sino como una característica que la enriquece como nación.

En Bolivia coexisten más de 33 grupos étnicos que, desde las montañas nevadas de los Andes hasta las cálidas llanuras del Chaco, moran sus tierras desde tiempos sin memoria. En el norte altiplánico del país, pueblos como los quechua y aimaras, descendientes directos del imperio incaico, representaron por mucho tiempo la cara indígena de Bolivia.

Hoy esta visión fue enriquecida gracias al reconocimiento de los pueblos que habitan las regiones del Oriente boliviano. Antes de la década de los 80′, estos pueblos no eran visibles debido a su aislamiento físico, ligado al difícil acceso a las tierras bajas de Bolivia, y político, por la concentración de las funciones públicas y administrativas en las principales ciudades del país.

A raíz de las luchas llevadas a cabo por las organizaciones indígenas, es que en los últimos años se reconocen y valorizan las características peculiares de los diferentes grupos étnicos, incluyendo los del Oriente boliviano, como una riqueza para el país y una ventaja para su desarrollo. Así lo plasma el documento «Los pueblos indígenas de Bolivia: diagnóstico sociodemográfico a partir del censo del 2001».

Con el retorno de los medios de comunicación radiofónicos, se amplía la posibilidad de participación de los pueblos originarios, que aún habitan partes remotas del territorio y encuentran en la radio la mejor manera de hacer democracia.