Desde este jueves 8 de abril se encuentra en la plataforma Puentes de Cine el documental «Rafa, su papá y yo», realizado por Sebastián Muro. Lo que comenzó como un ejercicio para la facultad se transformó en una indagación de los legados familiares involuntarios, las historias repetidas entre los padres de su árbol genealógico.

Rafa es un extrovertido empresario organizador de eventos, su presencia frente a la cámara es desfachatada y de una naturalidad graciosa. Sebastián lo filma como parte de un trabajo para la facultad que consta en retratar un personaje, Rafa pregunta: «¿yo te parezco un personaje?». Luego de estos primeros y simpáticos minutos, el mayor riesgo es que este ejercicio nunca tome forma de película y que la relevancia solo sea interna.

En el título, el circuito que se cierra en «y yo» tiene una connotación que deja lugar al prejuicio y a la duda de si este camino va a ser demasiado personal y propio. Pero pasa algo, el hallazgo de una repetición en la historia familiar. El padre de Rafa decidió abandonar a sus hijos en algún momento de su infancia para irse a vivir a Estados Unidos y nunca más aparecer, mientras que años más tarde Rafa mismo se ausenta durante casi diez años de la vida de su propio hijo Sebastián (el director).

Su trabajo en Club Med lo hizo viajar por el mundo y, durante siete años, su hijo lo vio esporádicamente durante algunas vacaciones y el resto del tiempo recibió postales con notas. En un principio, pareciera que Rafa se divierte y le dice a sus conocidos que su hijo está haciendo «un reality sobre su vida», pero cuando empiezan a aparecer estas cuestiones de la ausencia y Sebastián comienza a acorralarlo con la cámara, este pregunta una y otra vez de qué se va a tratar la película con un poco más de incomodidad. Hay una charla pendiente entre ellos que marca la tensión y se hace más urgente a cada minuto. Una película especialmente masculina que se hace cargo de su herencia como punto de partida y encuentra un punto de llegada para transformarla en algo para ofrecer.