I have my freedom but i don’t have much time” canta Mick Jagger en Wild Horses.
Escucho hablar del tiempo sin parar: “no tengo tiempo para nada”, “necesito un día de 30 horas”, “quisiera estar lúcido con 5 horas de sueño diarias” y la famosa “batalla contra el tiempo”, que no refiere a otra cosa más que a la lucha para aletargar la natural vejez.
En este tiempo, en este mundo, tenemos la mayor parte del tiempo vendido o invertido.  Suena lógico si genera algo de desesperación. Disponemos de nuestro tiempo en pequeñas cuotas (quizás por eso lo más preciado que podemos darle a alguien que queremos es justamente eso) en un contexto en el cual la incertidumbre es la constante.
Cuando uno vende su tiempo a un empleador suele brindar aproximadamente dos horas más de las que vende. Existen casos de personas que trabajan cerca de sus casas, pero lo cierto es que la oferta de trabajo se encuentra concentrada. Si uno vende 8 horas en realidad está vendiendo 10.
Cabe mencionar el paro de todas las líneas de subte que comenzó con una suspensión del servicio el 3 de agosto entre las 21:00 y las 23:00 hs. que continuó luego por 10 días, 6 de los cuales fueron hábiles. La huelga se llevó a cabo como consecuencia del fracaso de la negociación entre la empresa Metrovías y sus empleados. Desde la misma informaron que durante el transcurso de un día hábil viajan en subte un promedio de 900.000 personas.
La medida gremial puede ser objetable o no desde diferentes perspectivas, así como las cuestiones políticas que subyacen el episodio. Yo pienso en el tiempo perdido, invertido y no remunerado de la gente que sufrió las demoras, el estrés, la incertidumbre, y la pésima calidad de viaje durante el trayecto al trabajo.
El tiempo es soberano, ni eterno ni atesorable. Como humanos, vivenciamos el problema de la finitud. Y pensándolo en el día a día, en la contemporaneidad, ¿quién no se ha encontrado con la sensación de no poder hacer todo lo que quiere porque el tiempo físico simplemente no lo permite? ¿Quién no ha sentido que las actividades lo sobrepasan?
El último paro de subtes rompió el record de duración. El boleto actualmente cuesta $2,50 y dado que los fines de semana se estima que viajan 500.000 personas por día, la empresa “perdió”, es decir que no facturó, 18 millones y medio de pesos. A esta pérdida habría que sumarle la de los comerciantes que tienen locales bajo tierra y los gastos extras de los usuarios. Parecería que más allá de toda filosofía sobre el tiempo, el tiempo es dinero.