Charlamos con Marta Mediavilla, actriz y cantante, quien nos cuenta sobre cómo fue grabar la nueva versión de «Perla Negra». Además, habla sobre sus idas y vueltas en el arte, cómo transita la pandemia a nivel artístico y cómo «lleva» ser hija de Patricia Sosa y Oscar Mediavilla en el día a día.

Nació hace 32 años en Valentín Alsina, zona sur del Gran Buenos Aires, y es hija única de dos grandes de nuestro país. De ese mix fabuloso de arte, notas musicales, pentagramas y pasión, por sobre todas las cosas, salió ella: Marta, una histriónica y cautivante joven artista que pasea por el teatro dando clases y haciendo obras, pero también coquetea con la música y culebrones modernos como «Perla Negra 2.0», proyecto en el cual encarna a Iboti, el personal de limpieza de la legendaria María Rosa Gallo que hoy interpreta la actriz y directora del proyecto, Andrea del Boca. «Teníamos la idea de hacer un vivo o un cruce con la persona que hizo mi personaje. Hay muchas generaciones que vieron la telenovela. El género, el melodrama, el culebrón, tuvo su auge en una época: la buena, la mala, el villano, el gracioso. Todo muy arquetípico y hacer algo así pero en un nuevo formato, es un gran desafío», describe Marta.

“Fue todo nuevo para mí, tener que filmar todos los días, aprender los libretos. Cuando estás en el training, se va dando todo. Se armó un elenco pequeño por protocolo y nos llevamos bien. En los 90′ tuvo 120 capítulos y ahora son 20 de 15 minutos cada uno, se comprimió todo”, cuenta la actriz sobre su experiencia en el rodaje de la nueva «Perla Negra». Por otro lado, confiesa que la directora de la novela, Andrea del Boca, “estaba en todas”. “No solo actúa sino también la dirigió: acababa de pasar el texto, le indicaba algo al de las luces, y hasta ella misma decía ‘¡Acción!’. Es admirable su capacidad. Verla fue un flash”, relata Mediavilla.

En cuanto a la pandemia y cómo llevó la cuarentena a nivel laboral, cuenta que no se sintió tan afectada pese a que tuvo que modificar sus rutinas: “Tengo talleres de teatro recreativo para adultos hace 7 años, terminé haciendo encuentros virtuales, no me puedo quejar, encontré buena recepción en la gente, gente muy interesada. Creo que tuvo que ver con que el año pasado se estaba necesitando relajar y recrear y eso influyó mucho”. Y agrega: “El año pasado hice una obra virtual, tenía un croma colgado, mi compañero tenía otro y, a través de una cuestión digital, parecía que estábamos en el mismo espacio: hasta yo tenía marcado dónde era la altura de la mirada, cómo hacer para simular que lo estaba tocando. Hay algo de la virtualidad que este contexto potenció”, asegura la actriz.

Ser hija de, no es tarea fácil para Marta. O sí, porque ella misma describe que habitualmente se encuentra pensando o sintiendo distinto sobre el tema: “Siempre digo distintas respuestas. A veces me encuentro diciendo: ‘para mí siempre fue algo normal’, otras ‘soy más fóbica’, entonces me resguardo, otras ‘yo me decidí por el teatro independiente’… y creo que es una conjunción de todas esas respuestas. Me pasa algo con la exposición que es para terapia. No me divierte ser famosa ni me atrae. Me pone nerviosa, no me hago la snob, me siento incómoda realmente, no sé qué tengo que decir”, confiesa risueña la artista.

Sobre sus comienzos, recuerda que fue junto a su madre, en la banda de Patricia, y que fue una experiencia que tuvo de todos los matices: “Estuve 5 años en la banda y tuve mucho aprendizaje. Cosas más duras y otras más placenteras también: aprendí a estar de gira, que tenés que tener una conducta, responsabilidad. Aprendí lo que es una prueba de sonido, que escucharte es muy difícil, adaptarte a las rutas”. Sobre su madre en particular, ella relata que “trabajar con mi vieja tiene sus pro y sus contras: el pro es que mi vieja es mi referente para mí por el grado de profesionalismo que la tipa tiene, el oficio y tiene un amor por lo que hace. Cuando compone una canción y en vez de elegir una palabra elige otra, es un trabajo tan fino y tan admirable. Cuando se para antes de salir al escenario y medita, hay algo que la sostiene a través de los años, es algo que la atraviesa, y ver esa energía es espectacular”. Sobre el reencuentro con Patricia después de la primera etapa de cuarentena, Marta describe cómo fue ese mágico momento: “No sabía cómo saludar a mis viejos, no quería ponerlos en riesgo, entonces le dije a mi mamá que le iba a abrazar las piernas, ella se emocionó, se puso a llorar. Mi viejo nos sacó una foto y fue un instante inolvidable”.

En cuanto a su vocación, Marta considera que siempre estuvo entre lo artístico y la comunicación. “Fue medio un poco casual, pero siempre quise transmitir. Estudié en lo de Hugo Midoni, arranqué Comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA), después me cambié a la escuela de Julio Bocca, después Artes Combinadas, más tarde en la escuela de música contemporánea, después empecé a dar clases que hoy tomaron un protagonismo que no me imaginaba. Hoy la vida me encuentra en la UBA y estudiando Arteterapia”.