Sábado a la noche en Buenos Aires y el clima se presta para una salida al teatro a comprobar que la tragedia también puede ser divertida. Para ello, entradas en mano y a disfrutar de “Othelo”, la obra de William Shakespeare dirigida y adaptada por Gabriel Chamé Buendía.

Sobre la obra

Cuatro actores, especialistas en el teatro físico, el clown y el burlesco, interpretan la famosa tragedia de William Shakespeare. Es una puesta totalmente despojada de realismo cotidiano, pero que no escatima en escenografía y en el uso de última tecnología para romper con “la cuarta pared” y hacer partícipe al espectador.

Respecto a la técnica, el juego físico y el verso blanco del maestro inglés se enfrenta y se complementa en un lenguaje lúdico, hilarante y absurdo. Respetando el texto de «Othelo», su poesía y tensión dramática, ahonda en las intenciones de los personajes a través del gag cómico, generando una ironía siniestra en la tragedia. Investigo, sin solemnidad, la relación entre lo trágico y lo cómico, como claves del teatro clásico y contemporáneo.

Queriendo saber más detalles de la obra, entrevistamos a Matías Bassi, quien nos impresionó con su personaje protagónico y su calidez al hablar, que mucho difiere de lo rudo de su personaje.

¿Con qué nos podemos encontrar al ir a ver «Othelo»?

“Bueno, la obra es una de las tragedias más oscuras de William Shakespeare. Es muy reconocida por eso y es muy vigente, muy actual. Como todos los clásicos, tocan temas que nos sensibilizan a pesar de ser del año 1670.”

¿Por qué es actual esta adaptación?

“Para empezar, ya trae consigo un femicidio en la obra y esa es hoy una nueva lectura. Como sabemos, el protagonista termina asesinando a su esposa. Pero es por las artimañas de un militar que se llama Yago que es celoso de los puestos que le da un General a otros compañeros y no a él. Y bueno, también tiene celos de su mujer. Tiene ciertas dudas y decide sembrar una semilla en la cabeza de Othelo. Esa es una de las cosas que yo más denuncio -en la obra-, no solamente la violencia verbal contra la mujer sino, también, un artilugio con el que se domina y miente a Othelo haciéndole creer ver cosas que no son. Y creo que esto también es vigente y es algo que denuncia la obra con mucha claridad.”

En esta adaptación tan actual, ¿hay componentes de homosexualidad?

“No. No. Hay un deseo y una sexualidad latente en los individuos que hacen el espectáculo y eso, de alguna manera, se refleja un poco en los vínculos, que son muy pasionales entre hombres, hombres y mujeres. Pero no necesariamente tiene un vuelco hacia un lugar de expresión homosexual. Ha tenido integrantes que han expresado mucho sus intereses o cuestiones plásticas en el escenario y se ven ciertas cosas que rozan más una energía sexual que una homosexualidad. Sí hay una sexualidad latente y está presente en la obra. Tiene que ver con el deseo y está eso en juego todo el tiempo.”

¿Cómo se animaron a hacer esta adaptación tan «argentina»?

“Surgió también por el director, que por estar en Buenos Aires lo queríamos hacer así y no queríamos escaparnos de eso. Nos pasó de viajar y adaptar las partes que creíamos porteñas al localismo de cada lugar que vamos.”

El final es el momento más esperado. ¿Por qué deciden poner en el banner que «termina mal»?

“Es parte del chiste. La obra es un clásico y todos saben que termina mal. Más allá que la dirija Gabriel Chamé Buendia, la obra va a ser la obra. Y termina mal. Como el Othelo de Shakespeare. No eludimos eso. Y estamos orgullosos de hacer comicidad. Una comicidad que no choca con la tragedia sino que la alimenta haciendo que el espectador pase de la comedia a la tragedia y de nuevo a la comedia creando tensiones y distenciones cuando se ríe, pero también tensiones cuando está frente a escenas dramáticas.”

¿Dónde cuándo podemos encontrar esta obra?

“Estamos en la sala Caras y Caretas, ubicada en Sarmiento 2037 los días viernes y sábado a las 22:30 horas hasta el 15 de enero. Posiblemente febrero también, o nos siguen en @otelochame en Instagram.»

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Daniela Delachaux.