La familia es la primera institución básica para todo ser humano a la que pertenecemos. Dentro de ella se va formando una red de comunicación y confianza que da lugar a sucesos que van modelando la dinámica de cada familia.

Estructuralmente, la familia es un conjunto invisible de demandas funcionales que organizan los modos en que interactúan sus miembros. Con el tiempo, la vinculación emocional de sus miembros es la que promueve los secretos familiares, alianzas, coaliciones, lealtades invisibles o distanciamiento y adaptabilidad, entre otras variantes.

Haciendo un recorte sobre las lealtades invisibles familiares, hay que destacar que la lealtad se compone de la unidad social que depende de la lealtad de los miembros del grupo, el cual cuenta con la lealtad de sus miembros, de los pensamientos y las motivaciones de cada uno como individuo. De aquí el concepto de justicia y justicia familiar.

Cuando no está dada la justicia, esto se traduce en injusticia, la mala fe, la explotación de los miembros de la familia los unos por los otros (a veces por la huida, el desquite, la venganza) e, incluso, por la enfermedad o el accidente repetitivo.

Pero cuando del otro lado hay afecto, atenciones recíprocas y las cuentas familiares están mantenidas al día, se puede hablar de balanza de las cuentas familiares y del «gran libro de las cuentas de la familia», en el cual se ve, si está en crédito o en débito, si se tienen deudas, obligaciones, méritos, sin lo cual se tiene, generación tras generación, una serie de problemas.

Así, se van tejiendo las lealtades invisibles de la mano de la parentificación, de las relaciones que van surgiendo entre padres e hijos. Su conformación, los roles, la dinámica del hogar y cuánto repercute a la hora de llegar a adultos y ver la cosecha que recogen los padres. Incluso, a cierta edad los hijos se vuelven cuidadores de sus padres. Una devolución nombrada lealtad invisible característica del ser humano. Aunque sucede a veces que esta lealtad se interpone a los intereses propios, anulando todo proyecto a futuro.

Te planteo un ejemplo clásico, simple. Hay cierto número de familias, sobre todo modestas o rurales, en que la hija mayor tiene el papel de madre y en que la madre agotada por el cansancio, por los nacimientos excesivos de los niños, realmente enferma o supuestamente enferma se hace curar, ayudar y sostener por su hija, la cual nunca “hace su vida” porque cuida de su madre mayor enferma o de sus padres viejos y enfermos. Es una distorsión malsana de las relaciones, de los méritos y de las deudas, es lo que se llama la parentificación.

Compartimos otro ejemplo: un hijo que debe volverse padre muy joven (incluso a los cinco años, por ejemplo), apoyar a su madre, cuidar de sus padres y de su familia, está en desequilibrio relacional significativo, desequilibrio que se descubre por un análisis del lugar y papel de los hijos en el mundo familiar.

Es difícil comprender los lazos transgeneracionales, porque nada está claro, cada familia tiene su propio modo de definir la lealtad familiar y la justicia.

Para comprender mejor estas lealtades familiares, sería conveniente hacer un estudio transgeneracional o longitudinal de la familia, extendido sobre tres generaciones, por lo menos, o cinco preferentemente, de modo a determinar el funcionamiento de los sistemas vigentes. Para esto, hay que tener en cuenta la información retrospectiva, es decir, los recuerdos de los vivos sobre muertos, lo que la gente actual sabe de su familia y lo que les actúa aún cuando no sepan conscientemente lo que saben, en lo dicho y lo no dicho, en lo consciente y lo no consciente de lo que fue transmitido, desde el punto de vista de la familia.

Hay lealtades invisibles estimulantes y formadoras de bien, con buenas intenciones, son aquellas que impulsan a salir a la vida libres y felices. Pero también hay lealtades invisibles que bloquean nuestra salida a la vida, sin poder reconocer el bloqueo o el sentimiento que los lleva a esa conducta.

Las lealtades familiares invisibles están en nuestro inconsciente como una intención de pertenecer. Depende de cada uno de nosotros equilibrar esta pertenencia respetando a los ancestros, a los antecesores, a los que, si ellos no hubieron sido, nosotros no estaríamos. Reconocerlos, sanando vínculos y dejando el pasado atrás, donde pertenece. Haciendo presente y proyectando futuro.