Frente al Palacio Pizzurno, el clamor popular se fundió en un solo eco, inquebrantable y rotundo. La del lunes fue una extraordinaria movilización docente definida en una vasta columna que se precipita sobre la Avenida Callao, y en la cual confluyeron gremios y sindicatos de las 24 jurisdicciones del país, diversos movimientos de Acción Barrial, militantes de La Cámpora y un sinfín de organismos de la educación pública y privada.

Sobre la multitud enardecida se alzó una constelación de carteles, zeppelines y banderas albicelestes. Algunas flameaban invictas con su advertencia: «Mientras haya maestros no habrá pueblo de rodillas». Otras deslindaron en una simple exhortación lacónica: «¡Paritarias ya!». Sus gritos excedieron las pompas de la inmensa ciudad porteña que, a la zaga del relato, pareció tornarse más caótica y solitaria. Es la comparsa del Frente Nacional Educativo en favor de los salarios dignos y de la seguridad jurídica, de la protección a la niñez, los derechos humanos y la justicia laboral. Es, en definitiva, la voz de una sociedad que busca escapar de la opresión, cual del faraón bíblico el pueblo de Israel.

«No pelean con dirigentes… pelean con trabajadores»

Poco después de las 12 tuvo apertura la proclamación del evento, encabezado por los principales dirigentes sindicales. Luego de un minuto de aplausos en memoria de los docentes desaparecidos, Sonia Alesso, secretaria general de la Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA), irrumpió en la escena y señaló que el Gobierno pretendió disfrazar la realidad de una forma sistemática e inaceptable. «No queremos volver a la Carpa Blanca, a los 90′, a las provincias inviables», disertó a viva voz. A su turno, Sergio Romero, titular de la Unión de Docentes Argentinos (UDA), censuró la reducción de la coparticipación a las provincias y alegó que, en ese marco, los más afectados son los agentes del sector educativo. «El gobierno armó una editorial que intenta cumplirla, pero no se dio cuenta que no está peleando con ciertos dirigentes sindicales… se está peleando con 1.200 trabajadores», enfatizó en medio de los aplausos y la efervescencia colectiva.

Además, el dirigente agregó que los actores del Gobierno Nacional «son incumplidores seriales que no han cumplido casi en nada con el acta paritaria firmada en 2016». Por su parte, Hugo Yasky, a quien correspondió el discurso final, insistió en la tarea de defender la dignidad de los maestros, «sentir el orgullo de tener un guardapolvo blanco y no venderse por dos monedas». Hacia el tramo final, acotó en una metáfora: «Hay un Ministro que duerme la siesta desde hace mucho tiempo, y hoy lo estamos despertando».

Sin clases

Esta es la primera jornada de la convocatoria a un paro de 48 horas liderado por Ricardo Baradel, titular del Sindicato Unificado de Trabajadores de Educación de Buenos Aires (Suteba). La medida de fuerza es consecuente a la negativa del ministro de Educación, Esteban Bullrich, de convocar a una paritaria federal y fijar un aumento del 35%, acorde a los índices inflacionarios calculados por el Indec para el año 2017. En este contexto, los sindicatos endurecen su iniciativa, soslayando como a un fantasma intransigente la medida de conciliación obligatoria dictada por el Poder Ejecutivo.

Alrededor de las 2 de la tarde se clausuró el acto de manifestación pública y, a la sazón, coros infantiles en compañía de orquestas entonan el Himno Nacional Argentino. La muchedumbre, indeclinable y bravía, prosigue con sus arengas de indignación y júbilo. A voz en cuello, advierten no perecer en la lucha hasta obtener de la Casa Rosada una respuesta conforme a las «justas estimaciones» aducidas de manera formal por sus dirigentes.

Mientras emiten los altoparlantes sus solemnes trinos de victoria y un comisionado, implacable y bizarro, sigue cuestionado la lluvia de inversiones mentidas y el estado de orfandad e ignominia al que son sometidos, flamea en el ámbito un cartel con su retórica leyenda: «¡Pueblo de pie!… oh, ¿aún no te has dado cuenta que obligados estamos de vuelta?».

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Fernando Daza.