Está bueno cada tanto volver a ver clásicos. Vi la película “Un tranvía llamado deseo”, una versión adaptada al cine por Elia Kazan en 1951, de la obra teatral de mi querido Tennessee Williams, publicada por primera vez en 1947. Nunca había visto el film pero siempre tuve mucha intriga de hacerlo, sobre todo porque no había quien no dijese la famosa frase: “¡Qué lindo que está Marlon Brando!”.

Leí la obra hace maás de 10 años cuando estudiaba la carrera Artes del Teatro en Andamio 90, en una de las materias teóricas donde analizábamos teatro clásico del Siglo XX. Además en actuación, por supuesto, que entre las escenas que hacíamos con mis compañeros, algún grupo hacía alguna de esta obra. Cuando vi la película me di cuenta de una manera muy palpable mi madurez a lo largo de estos años y cómo el feminismo inundó nuestras vidas para despertarnos de las injusticias y violencias que vivimos las mujeres. Después de esto me es imposible repetir la frase del título del artículo, la cual no pienso volver a escribir y no paro de pensar: “¡Qué desagradable persona que es Kowalski!”.

Para los que no están en tema, voy a citar la sinopsis de la obra tal cual está escrita en internet: «Considerada una de las obras más importantes de la literatura estadounidense, ‘Un tranvía llamado Deseo’ (1947) cuenta la historia de Blanche DuBois, una dama sureña con delirios de grandeza, refugiada en un mundo inventado, presumida, altanera y desequilibrada, y Stanley Kowalski, su rudo cuñado, miembro de la clase inmigrante proletaria, que en esos tiempos incrementaba su influencia y determinación en la sociedad estadounidense».

No puedo creer que actualmente siga circulando una sinopsis tan retrógrada y ciega. Tampoco puedo creer haber representado hace 10 años escenas de esta obra como si Blanche fuese una mujer frívola y clasista. No voy a decir nada de Tennessee Williams ni de Elia Kazan, mucho menos de Marlon Brando, pero sí de las reinterpretaciones actuales.

La obra está cargada de violencia de género. Kowalski no es un atractivo inmigrante, es un hombre violento que lastima física y verbalmente a su mujer, Stella, y a su cuñada. Es un hombre que da miedo, es grande y fuerte, rápidamente se enoja y golpea todo lo que encuentra. Y Blanche no es una frívola, todo lo contrario, es una mujer sensible que está indignada con el trato que ejercen hacia su hermana, la cual además está embarazada. Es llamativo como hoy en día se intercambiaron los papeles. En la obra pareciera que ella llegó a la casa del matrimonio para desestructurarles la vida pero, ¿acaso él no se emborrachaba y maltrataba a su mujer antes de la llegada de Blanche? Ella llegó para que su hermana abriera los ojos y es así como al final de la obra (sí, te cuento el final), Stella decide no volver a la casa con su marido.

Por otro lado, Blanche es una mujer a la cual solo le enseñaron a ser una mujer bonita para conseguir un marido y salvarse. No tuvo suerte, quedó viuda y debió seguir adelante como pudo hasta que la juventud se lo permitiera. Tuvo muchos, muchísimos candidatos, pero por lo que se lee entre líneas no prosperaron. Blanche prefiere el encanto del desconocido, de un hombre que va a hacer todo para que una mujer se enamore y que todavía no se anima a mostrar sus miserias. Es muy interesante el recorrido de este personaje. Blanche puede darse cuenta que tal vez ya está perdiendo su belleza y juventud (aclaro que tiene solo 30 años. edad en la que hoy estamos en la cresta de la ola, chicas) pero sabe que es mucho más que eso. Blanche sabe lo que vale, pero no soporta la violencia y, además, lamentablemente se encuentra en un mundo que solo admira la juventud y la belleza.

A su vez, la juzgaron por no ser una mujer recta a lo que contestó: “¿Recta? ¿Qué entiendes por recta? Una línea o una calle pueden ser rectas, pero no el corazón de un ser humano”. ¿Por qué esperaban que sea una mujer «blanca y pura»? ¿Y sus deseos? Este tranvía no la llevó justamente al deseo, pero sí ayudó a su hermana a que se diera cuenta que lo que ella consideraba su deseo, Kowalski, no era más que un hombre violento. ¿No encuentro la frivolidad en Blanche? Sí, le gustan los vestidos. ¿Por qué no le gustarían si son lindos? Por supuesto que se volvió una mujer desequilibrada, sí todo el tiempo tiene que actuar como “se debe” y soportar la violencia de los demás.

Qué suerte que el feminismo haya venido como un tornado a levantar la miseria humana y ponérnosla ante nuestro ojos, para demostrarnos que el maltrato no es natural y que nosotras valemos mucho más que un lindo cuerpo y que el ser jóvenes. Esos no son méritos o suerte o tiempo. No lleguemos al final de Blanche, sepamos detectarlo a tiempo.

La película está en internet y no tiene desperdicio, las actuaciones y el arte son increíbles. Sin embargo, es fundamental reivindicar la figura de Blanche DuBois.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lola Pérez.