El 19 de marzo se estrenó en Netflix la serie española titulada «Sky rojo», cuyo contexto es el de un prostíbulo que alberga trata de personas, sexo forzado y múltiples tipos de violencia. Por supuesto que, entonces, aparecieron los debates sobre lo conceptual y lo formal de esta serie… ¿aporta a la visibilidad o banaliza? ¿Cuánta rigurosidad le debe la ficción a una causa social?

Coral (Verónica Sánchez), quien parece ser la protagonista (parece porque en los primeros minutos su punto de vista narra la historia, luego a medida que la serie avanza el punto de vista tanto como el de escucha se desplazan indiscriminadamente hacia otros personajes, incluso secundarios), nos cuenta cómo un día que parecía normal en el «Club Las novias» termina en un aparente crimen y debe escaparse junto con Gina (Yany Prado) y Wendy (Lali Espósito).

Las tres (de poquísima química entre sí) son perseguidas por los mafiosos del club y cada desafío está entrelazado con sus memorias, a veces con un aprendizaje que se resignifica en el presente y otras veces sin anclaje en la narración. Los 8 capítulos tienen una duración de 25 minutos promedio, la visualización es ágil y el problema más evidente es la pobreza en la distribución y el avance de los conflictos, tanto que el último minuto de la serie repite y vuelve a la posición inicial, no porque su formato sea circular sino porque todo lo que sucede en el medio son distracciones y excusas para dilatar lo más que puede entre los primeros diez minutos y los últimos cinco de toda la temporada.

Los creadores son Álex Pina y Esther Martínez Lobato (creadores de «La casa de papel» y «Vis a Vis»), y entre el equipo de guionistas y directores se cuentan dos mujeres y once hombres en total. Esto último dirigido a un cuestionamiento muy en boga que tiene que ver con la paridad en los equipos de producción audiovisual y también con ampliar el panorama de voces a la hora de escribir y dirigir historias de presunta perspectiva de género. Sin necesidad de ubicarse en una postura absoluta que demande homogeneidad entre temáticas y realizadores, es visible en este caso una disparidad sobre la que podríamos preguntarnos si esta serie tiene como genuino interés ser representativa.

Los diálogos son uno de los puntos a observar para identificar de qué forma se abordan ciertos temas y, en el caso de «Sky rojo», nos encontramos con una postura muy clara que pretende ubicar las experiencias de la prostitución forzada en el plano de la violencia a través de las voces en off y los diálogos, ya que las imágenes mantienen una estética de purpurina y gloss que no tiene ese discurso por sí sola, por lo tanto necesita de ese refuerzo textual que le de el sentido «ideológico». Estos textos están en la línea de «empieza el matriarcado» en «La casa de papel», se interpela de forma directa y llana: «¿de verdad pensás que lo hacemos libremente? Si no hubiera personas que pagaran por follar, no habría personas como nosotras secuestradas», por ejemplo.

Sin embargo, entre las críticas generalizadas que tuvo la serie también fue blanco fácil de un análisis simplista plantado en que es «todo lo que está mal» y listo. El riesgo es que las afirmaciones absolutas en modo de máxima luego no sirven para una observación seria de otras ficciones. Por ejemplo, usar las líneas de diálogo de los personajes para achacarle una ideología a la serie toda es desconocer que la forma de hablar de los personajes no es necesariamente la forma de hablar del autor, que si todos los personajes tuvieran la misma moral coincidente con «lo correcto» nos quedamos sin villanos pero, sobre todo, sin conflicto, sin matices, incluso sin verosímil.

Por otra parte, es cierto que las manifestaciones artísticas se relacionan con su contexto, ya sea por adaptación o por oposición, con el objetivo de imponer un discurso, de sostener otro, de transformar algo, etcétera. Podemos pararnos en la posición de que el arte siempre tiene una connotación política y que es pertinente interpretar su diálogo con la actualidad pero, ¿podemos demandarle a una ficción cómo y cuánto debería hacerlo? ¿Podemos calificar una obra en términos de mejor o peor según cuan comprometida es?

Nos volveremos a acordar de «Sky rojo» cuando salga su segunda temporada en julio de este año. Por el momento, resultó ser una producción original más que demuestra las posibilidades de presupuesto que tiene Netflix pero el poco interés en crear algo de calidad… y ni hablar perdurable.