Según un informe de la Auditoria General de la Ciudad de Buenos Aires (AGCBA), los cambios y la reformulación del plan de saneamiento de la Cuenca Matanza Riachuelo no incluyen fecha de culminación de las tareas.

Además, si bien se agregaron conceptos de trabajo, no se incrementaron las líneas de acción ni se cambiaron los objetivos. El organismo remarcó que el único proyecto con metas y plazos es el de la urbanización de las villas, pero tampoco se cumple.

En 1993, la entonces secretaria de Medio Ambiente, María Julia Alsogaray, había anunciado que en mil días el Riachuelo iba a estar completamente saneado. Veintiséis años y muchos más días después, sigue casi como entonces o peor por el transcurrir del tiempo sin ser objeto de casi ningún tratamiento para limpiarlo, con el agravamte de que hubo créditos por mucho dinero que se destinaron a otros fines.

La AGCBA analizó la actualización al plan efectuada en 2016 por la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) respecto a su Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA) original, elaborado en 2010, y que tampoco tenía prevista una fecha para cumplir su objetivo.

De acuerdo con el informe, “ambos Planes Integrales carecen de metas físicas y plazos establecidos para el cumplimiento de los objetivos de cada Línea de Acción”. La única excepción a esta ausencia es el Plan de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios, un programa que preveía la construcción de 17.771 viviendas para relocalizar a las familias instaladas en las zonas del denominado camino de sirga y aledaños. Sin embargo, que esté detallado no implica que se cumpla.

“Esta situación no permite determinar el marco de referencia necesario para la elaboración y ejecución de un plan de control integral del PISA”, menciona el organismo en el documento. Una prueba de que, sin metas ni fechas, no se puede realizar un seguimiento certero del proyecto de recuperación ambiental.

De acuerdo con la AGCBA, los cambios del PISA incorporados en 2016 sumó terminología, conceptualizaciones como de la definición de “qué cuenta queremos”, y la creación de una visión compartida a largo plazo entre los integrantes de la ACUMAR. Como “máxima insoslayable” se estableció: “Para poder recomponer, es necesario dejar de contaminar”.

Es interesante remarcar que en esta nueva versión “no aumentan o disminuyen las líneas de acción ya existentes en 2010, tampoco se reformulan los objetivos generales de cada una pero sí se recompone y aumenta la cantidad de componentes que conforman las acciones de cada Línea de Acción”. El nuevo PISA establece 79 proyectos y programas cuyos objetivos, de forma general, son dejar de contaminar en el menor tiempo posible; fortalecer las acciones de prevención socio ambiental; mejorar la calidad de vida de los habitantes de la cuenca y reforzar el rol de la ACUMAR. Pese a esto, los auditores porteños concluyeron que “no es posible determinar con exactitud los plazos de cumplimiento para cada una de las tareas (hitos) de cada proyecto”.

Finalmente, respecto del rol de la autoridad de cuenca, el organismo de control señaló que “las acciones ejecutadas para el saneamiento de la cuenca responden a planes de gestión de gobierno de cada jurisdicción, incluida la ACUMAR, sin que dicha gestión responda a una planificación integral y coordinada”.

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