La estructura familiar, junto con su dinámica, pueden ser de diversas maneras. Por tal motivo, conversamos con Susana Canterelli que, con su pareja Lionel Aguilar, adoptaron a una adolescente con su hijo y, de pronto, asumieron el rol de padres y de abuelos en esta nueva familia en la que prima el amor.

Al introducirnos en su historia, Susana nos cuenta que «el proceso de ampliar la familia comenzó al poco tiempo de conocernos con Lio, que ya hace seis años que estamos juntos. Al principio intentamos por la vía natural, dos intentos que no funcionaron. Los tratamientos dependen de cada persona y pareja, en el caso nuestro no encontramos más que la edad como causa aparente, el por qué no podíamos concebir de manera natural. En este sentido, la que se llevó la peor parte fui yo, porque es la mujer quien se somete a más estudios y más prácticas. Particularmente, no tuve mayores inconvenientes físicos, más allá de la desilusión de cuando llegaba el test negativo”, expresa Cantarelli quien, además, agrega: «Fue un tiempo que sentí que puse mi vida en pausa, y todo estaba sujeto a la posibilidad o no de lograr el embarazo. El segundo tratamiento fue muy complejo, porque lo tuve que hacer mientras acompañaba el último tiempo de vida de mi mamá -que estaba transitando una enfermedad terminal-. Una de las cuestiones que me dio mucho aliento en ese momento y sostén fue la posibilidad de encontrarme con mujeres que estaban pasando la misma situación, de agruparse con mujeres feministas en los grupos de fertilidad», señala Susana y enfatiza que problematizar y quitar romanticismo a la búsqueda de un embarazo es fundamental.

En relación al cuidado de la fertilidad, Susana manifiesta que «se debería poner en agenda los cuidados de la fertilidad. Muchas mujeres llegamos a por haber esperado la posibilidad de esperar un compañero a la altura de la circunstancia, en otros casos la carrera, y así distintas decisiones”, explica Susana, que al narrar cómo fue la decisión de adoptar a una adolescente: «En realidad lo íbamos pensando en paralelo y, a medida que lo íbamos pensando, particularmente yo no me veía con un bebé, por la realidad que manejo en este momento, el ritmo de trabajo y también teniendo el preconcepto que un hijo o una hija más grande me iban a dar menos trabajo. Son ideas que uno tiene, y así fuimos viendo que no íbamos a continuar en la línea de los tratamientos, porque ya la idea también de un bebé estaba en duda, y así fue tomando forma la idea de la adopción”.

Al momento de señalar el proceso de adopción, Susana comenta: «Para nosotros todo fue muy rápido, lejos de lo que por ahí les pasa a otras personas. Nos presentamos a una convocatoria pública, estas convocatorias son la última instancia de los niños, niñas y adolescentes de encontrar una familia, y allí se convoca a quienes están inscriptos y que no expresaron la voluntad de adoptar adolescentes y personas no inscriptas, como en nuestro caso. Estábamos empezando a reunir la documentación para anotarnos en nuestra jurisdicción y nos encontramos con la convocatoria pública de quien es hoy nuestra hija y nuestro nieto”. “Pasamos por un proceso de selección junto con otros postulantes. En el momento que falleció mi mamá, unos días previos le dije: ‘Te pido que me ayudes a criar a mis hijos’, como despidiéndome de ella y lo dije en plural, sin saberlo. Y uno de esos últimos días, me encontraba en el hospital esperando a Lio y viendo el celular leí esa convocatoria. Lo primero que pensé fue ‘no es momento’, a los días lo hablé con Lio y decidimos ir para adelante”.

Finalmente, al describir el encuentro con su hija y nieto junto al proceso de convivencia, Susana describe que «con la convocatoria nos encontramos en diciembre de 2019 y en junio de 2020 nos volvieron a llamar para decirnos que empezaba la vinculación por videollamada y el proceso se completó en noviembre. El momento del encuentro personal fue muy lindo, el unirnos en un abrazo. Los primeros días de convivencia fueron muy complejos, son instancias de evaluación y esto provoca mucha tensión, ya que hay un conocimiento que no tenemos y hay que empezarlo de cero”, relata Susana, que además sostiene que «nosotros somos padres, somos abuelos y tenemos que sostener a nuestra hija en su función de mamá y, a su vez, nuestro proyecto para ella es que tenga una vida lo más parecida a la de una adolescente que no haya atravesado una maternidad, tan tempranamente”. “Con ella somos un equipo, los tres somos familia, tratamos de transmitirle eso también a nuestro nieto“, comenta Susana, quien por último señala que «a veces creo que se cargan demasiado las tintas sobre la disponibilidad adoptiva, sobre los postulantes que, si bien hay muchos que tienen que trabajar sobre su voluntad adoptiva, se tendría que ir más por la psicoeducación y no por la bajada de línea. Uno de los puntos donde habría que avanzar es en la gratuidad de los juicios de filiación, porque para las familias es un gasto muy grande, ya que también los postulantes le resolvemos un problema al Estado, que son los niños, niñas y adolescentes que están sin cuidados parentales. Creo que el Estado podría colaborar un poco más”, subraya Susana Cantarelli.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Fernando Otondo.

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